19 de febrero de 2026

Reír en el siglo XXI

 

Hacer reír en estos tiempos es todo un reto para no ofender a alguno de los que escuchan. Las sociedades cambian sus normas de conductas y entre ellas se cuenta la manera de hacer humor.

Hacer un chiste o soltar una ocurrencia en la época actual se ha vuelto complejo… y hasta peligroso. Ahora la hipersensibilidad social (aka woke), la cultura de la cancelación y los cambios culturales han modificado profundamente lo que se considera aceptable para el humor.

Vivimos en una sociedad con una conciencia muy quisquillosa sobre temas de injusticia, desigualdad y preferencias personales. Temas que antes se trataban sin tanta preocupación (estereotipos, gustos sexuales, condiciones físicas) ahora se ven con severidad, reduciendo el espacio para el humor.

El humor actual se caracteriza por ser sencillo (casi diríamos plano), efímero y altamente digital, tanto en temáticas como en medios. Según Jonathan Morales, de la Sociedad Psicoanalítica de México, el humor debiera atravesar prejuicios, criticar creencias y combatir opiniones. Si no molesta, si te deja indiferente, no ha cumplido su función. Eso en la teoría, pero en la práctica es algo muy distinto de lo que piensan nuestros jóvenes, sobre todo en las rede sociales.

Hacer un chiste hoy es difícil porque el humor transgrede normas sociales y culturales que están en constante evolución, lo que puede resultar incómodo o interpretarse como una amenaza a la autoimagen en algunas personas cuya situación personal las hace más conscientes de los límites, que se han vuelto más suspicaces y estrictas. Además, la diversidad de sensibilidades, el contexto cultural y la inmediatez de la opinión pública generan un entorno de alta presión donde un chiste puede malinterpretarse muy fácilmente.

¿Por qué es tan difícil hacer un chiste actualmente? Las cosas que dan risa han cambiado en esta época porque el humor es un fenómeno cultural y social que evoluciona junto con las normas, las costumbres, la tecnología y las experiencias compartidas de cada generación. Lo que causaba gracia hace algunos años a menudo dependía de contextos sociales diferentes, mientras que el humor actual refleja la inmediatez, la ironía y las sensibilidades sociales del mundo digital. Cada generación tiene experiencias de vida distintas, lo que provoca cambios en la visión de lo que es cómico. Mientras los adultos pueden preferir formas más clásicas de humor (relaciones familiares, vida laboral, estereotipos), los jóvenes se ríen de situaciones irónicas que reflejan su realidad tecnológica-social, procurando no tocar los temas de cuestiones de género, raza, apariencia o preferencias personales.

Para hacer un chiste actualmente sin que alguien se sienta ofendido (cosa harto difícil), más bien hay que enfocarse en el humor observacional (vida diaria), situaciones absurdas, juegos de palabras o la autocrítica (reírse de uno mismo siempre tiene pegue). Evitar ironías (muchos no las entienden), estereotipos, críticas a grupos específicos o temas sensibles (aquí cabe casi todo), y usar la exageración para crear situaciones inofensivas que generen conexión y empatía.

Sencillito, ¿verdad?

Tal vez la siguiente imagen ayude a entender cómo se espera que sea la jerarquía del humor en los chistes y puntadas que se cuentan en este s. XXI:




17 de febrero de 2026

Tecnología y educación

 

Al hablar del futuro de la educación, gran parte del discurso gira en torno a las tecnologías de información (TIC) y, de unos años para acá, la inteligencia artificial (IA). Aunque las TIC son una parte vital y de suma importancia, no son lo más importante. Claro, es vital investigar y mantenerse actualizados para integrar y aprovechar las nuevas tecnologías y conocer su impacto en el estudiantado. Sin embargo, este no debería ser el punto central.

Si la discusión solo toma esto en cuenta, no está viendo el lado humano en el aula: el docente y el estudiante. ¿Cómo funciona su cerebro al aprender? ¿Cómo aprenden? ¿Cómo está su atención? ¿De qué manera pueden los docentes asegurarse de que los estudiantes están aprendiendo?

El futuro de la educación se debe centrar en el desarrollo humano, el bienestar, la salud mental, el sentido y el porqué de educar. Al final del día, la educación es relación humana; el aprendizaje ocurre entre personas que piensan, sienten, con contextos y necesidades diferentes. Hay que poner la mirada en la mente que aprende y no solo en las herramientas que se utilizan.

Claro, estas herramientas ofrecen oportunidades relevantes y se tienen que discutir, pero es necesario darles mayor espacio a otras dimensiones como la salud mental, las llamadas power skills (aka habilidades blandas), el bienestar docente y el desarrollo cognitivo y socioemocional, por mencionar algunas. Para mí, es alarmante que las instituciones y el profesorado se estén preparando para un futuro de la educación sin pensar en cómo están llegando esos estudiantes a las aulas. La realidad es que, hoy en día, los niños y jóvenes ya no imaginan y vienen con un desarrollo cognitivo afectado por las pantallas. Y ni hablar de la atención, la falta de pensamiento crítico y de cómo son incapaces de seguir instrucciones largas.

¿Qué se puede hacer para remediar esos efectos negativos de la tecnología? ¿Cómo preparar a las y los docentes para enseñar a esas nuevas generaciones? En el ámbito educativo, al hablar de tecnologías, la mayoría se centra en “¿cómo puede ayudarme a mí?” y no “¿cómo puede ayudarme a potenciar el aprendizaje de los estudiantes?”.

El futuro de la educación no puede reducirse a la tecnología.

 


16 de febrero de 2026

La educación como rehén

 

Se dice que el despido de Marx Arriaga de la Dirección General de Materiales Educativos de la SEP es una nueva etapa en la definición de los contenidos para los libros de texto que reciben los niños y adolescentes de México. Pero yo tengo mis dudas de que esto vaya a ocurrir, al menos en el corto plazo.

La salida de Arriaga es la remoción de uno de los personajes más ideologizados del proyecto educativo nacional y al mismo tiempo una señal de que los vientos están cambiando en el actual gobierno.

Desde su puesto en la SEP, Arriaga fue el responsable intelectual de los libros de texto gratuitos de la ahora llamada “Nueva Escuela Mexicana” que sustituyeron contenidos y programa académicos bajo el concepto de transformar pedagógicamente desde un punto de vista del “humanismo mexicano”.

Empero, varios especialistas en educación, maestros y padres de familia coincidieron en notar que dicho cambio no fue una modernización, sino una ideologización que puso al activismo político por encima de la formación educativa. En efecto, en el gobierno anterior, la educación pública fue concebida como una herramienta de transformación social con una clara intención política: difundir la narrativa de la autodenominada “Cuarta Transformación” en los contenidos, lenguaje y hasta ejemplos utilizados en los libros de todas las escuelas del país.

En lugar de robustecer las áreas débiles evidenciadas en la prueba PISA (matemáticas, comprensión lectora, ciencias), se prefirió incluir discursos izquierdistas de reivindicación social que no sustituyen el contenido académico, sacrificando calidad, evaluación y estándares en nombre de una causa política que combate el neoliberalismo.

Como dijo Raymundo Riva Palacio, al margen de sus errores, omisiones, reinterpretaciones históricas y pedagogía militante, los libros de texto gratuitos NO fueron un medio para mejorar el aprendizaje, sino para moldear las conciencias de los jóvenes a favor de la 4T.

La duda evidente es: ¿quién quedará ahora y qué traerá a esta tarea? La cuestión es preocupante, pues ya se sabe que en este gobierno la disciplina interna (y la lealtad al líder) es condición de permanencia y supervivencia y se antepone a la capacidad para ejercer el cargo.

Llegue quien llegue, no podrá hacer cambios inmediatos. No solo porque ya lo dijo la señora presidenta en su homilía matinal, sino por la sencilla razón de que los libros no son la causa de la remoción del señor Arriaga, sino más bien su falta de disciplina ante el poderoso secretario titular Mario Delgado. Además, el ciclo escolar va a la mitad y los materiales ya fueron distribuidos; en estas condiciones un cambio no puede hacerse de la noche a la mañana.

No obstante, sí sería deseable que comenzara un proceso de revisión técnica de todos los materiales para eliminar los errores (que son muchos), recuperar contenidos (en especial en matemáticas ciencias), promover el desarrollo de habilidades para el s. XXI e impulsar una perspectiva menos ideologizada.

Pero lo más delicado será recuperar la confianza en estos materiales. Los maestros y los padres de familia necesitan la certeza de que el sistema educativo mexicano no será nuevamente un rehén de los vaivenes ideológicos del gobierno. La educación no puede ni debe convertirse en campo de batalla político. Los niños que hoy cursan primaria y secundaria no tendrán otra oportunidad para aprender lo que no se les enseñe ahora. El mañana es hoy.

Notas y comenteios sobre el artículo La educación, rehén de vaivenes políticos, de Alejo Sánchez Cano, publicado en El Financiero el 16 de febrero de 2026.

13 de febrero de 2026

Saber estudiar


Ojalá el problema de mis alumnos fuera que no estudian. Eso tendría una solución muy sencilla: que estudien. Pero el problema va más allá de su voluntad individual y, por tanto, sobrepasa la demanda de responsabilidad que habitualmente se les hace en la universidad. Lo que ocurre es que, cada vez en mayor proporción, mis alumnos no saben lo que es estudiar. Una buena parte de ellos proviene de colegios en los que no se cree en el valor educativo de las evaluaciones, que es algo así como no creer en el valor humidificador del agua. Esos alumnos no es que no estudien, ni que no sepan estudiar, sino que desconocen lo que es el estudio. Creen que estudiar para un examen consiste en mirar sus apuntes, leerlos y entenderlos. "Pero, ¡¿cómo no los van a entender?!", me desgañito, "¡¡pero si están escritos en español!!"

Estos alumnos desconocen que estudiar para un examen no es entender lo que se lee (¡qué menos!) sino ser capaz de reproducirlo, demostrar que se han apropiado de ese conocimiento y que son capaces, por tanto, de expresarlo por sí mismos. No entienden que, muchas veces, estudiar es aburrido, que no apetece, que cuesta. Y no entienden, sobre todo, que eso no significa que no deban hacerlo. Lo más indignante es que, cuando hablo con ellos sobre esto, y les digo que no tienen la culpa, pero sí la responsabilidad de recuperar el tiempo perdido, sonríen y entre chanza y chanza reconocen que no se tuvieron que esforzar nada en primaria ni en secundaria e incluso en la preparatoria. "Pues tendrán que hacerlo ahora que están en la universidad", les aviso, "y cuanto antes lo hagan menos les costará remontar la situación". Entender esto me ha llevado tiempo y me ha costado enfados que, quizá, me podía haber ahorrado.

No soy optimista. He llegado al punto de decirle a unos padres que valoraba mucho que a su hija le supiera mal reprobar. Y sabía que no era por el hecho de reprobar, sino por la amenaza de que le quitaran el móvil... ¡Pero al menos le dolía y le servía de acicate! A los profesores nos están quitando muchas armas de persuasión. Los castigos son cada vez más contestados por los padres y las repeticiones son cada vez peor vistas por la administración. Muy temerario se me antoja confiar en la capacidad del profesorado para conseguir que los alumnos aprendan por amor al arte y no por apego al móvil, a la consola o al simple dolce far niente, que despunta como principal fuente de entretenimiento para las nuevas generaciones.


Fragmento adaptado de FUEGO SAGRADO. El valor educativo de la tradición, de Segundo Maestro.

Las palabras «vocación», «legado» o «estudio» no están de moda. En muchos ámbitos han adquirido, incluso, un sentido peyorativo. En estos tiempos es necesaria una reivindicación de esos conceptos como básicos y nucleares en la educación. Sobre todo frente a aquellas corrientes de pensamiento, hoy agrupadas en torno al movimiento woke, que pretenden orgullosamente romper lazos con el pasado y negarles a las generaciones futuras la herencia educativa que nos fue conferida y otorgada en custodia.

Vivimos un tiempo en el que, en nombre del progreso se derriban símbolos, se reescriben episodios, se condena el pasado por no estar a la altura de los criterios actuales. Se actúa como si la historia comenzara cada mañana y la identidad pudiera reinventarse a voluntad. Pero una memoria sin herencia es solo una técnica del resentimiento: una forma de manipular el pasado para justificar el presente. Y una herencia sin memoria se convierte en ritual vacío, en cáscara sin alma. Solo cuando concurren una y otra —como el árbol y sus raíces—, herencia y memoria pueden sostener una educación verdaderamente firme y verdaderamente humana.

11 de febrero de 2026

Oversharing

 

Imagen: Tute

"Publico, luego existo".

El fenómeno de publicar absolutamente todo en las redes sociales, conocido a menudo como oversharing (compartir en exceso) o extimidad (hacer pública la intimidad), responde a una compleja mezcla de necesidades psicológicas, validación social y diseño de las plataformas digitales. No es solo un hobby, sino una conducta que revela profundos vacíos emocionales y mecanismos de defensa. Es un intento de sentirse acompañado y paliar la soledad o la ansiedad al ganar Likes.

4 de febrero de 2026

Leer el periódico

 

Imagen: Freepik


Mencionaba yo en un posteo anterior (Vertiginosidad y lastre) que soy del tipo que creció y se formó en el mundo analógico. Por ello no es sorprendente que me guste leer el periódico en formato impreso. No hay nada mejor para acompañar el café de la mañana que la pausada lectura del diario.

A estas alturas del s. XXI, los periódicos clásicos, los impresos en papel, están en franca desaparición; uno ya solo se los topa en la sección de revistas de los Sanborns, pero como estas tiendas también están en vías de extinción del paisaje urbano, a los diarios impresos ya no les quedará ningún refugio (los kioskos de periódicos murieron primero, hace al menos diez años, y en los Oxxo tampoco se venden ya).

Ahora, las pocas personas que leen un diario lo hacen en una computadora, una tableta o un teléfono, es decir, se acercan a la lectura de noticias desde Internet, donde la competencia en este campo es feroz.

Los que hemos madurado leyendo periódicos hemos sido privilegiados, dice J.R. Chaves (En defensa de leer el periódico impreso). En aquellos tiempos, el diario impreso era una puerta abierta a la información y a la formación. Imprescindible para estar al día y sobre todo, su lectura proporcionaba un inmenso placer sin prisas los domingos por la mañana. Un ritual impagable.

Como dijo Gómez-Barata: los periódicos eran como el pan que está en todas las mesas, baratos y asequibles, y eran consumidos con igual placer por pobres y ricos, por lerdos y listos, por gente de ciudad y del campo, por intelectuales, científicos u ociosos; incluso por analfabetas, que miraban las fotos y con ello se quedaban muy conformes.

Hoy día, continúa Chaves, Internet es como una jungla caótica, mientras que los periódicos impresos son como un zoo ordenado de noticias por especies y listas para su examen por los visitantes. Uno encuentra fácilmente la sección que le interesa leer primero (nacionales, editoriales, deportes o historietas).

Poder leer las noticias en formato papel es un regalo de la civilización: es un reto de agudeza intelectual. La información que suministra debe ser rumiada antes de digerirla. En efecto, debemos recordar que los titulares hay que tenerlos “en libertad vigilada”. Es conocido el cínico lema de las facultades de periodismo: “No dejes que la verdad te estropee un buen titular”.

Comenta Chaves: es maravilloso el señorío del lector sobre su periódico: lo lee de atrás para adelante o al revés, o salteado. Se lee la letra pequeña, el titular o ambos. Se detiene en las esquelas, en lo internacional o en la agenda de la iglesia. Y por si fuera poco, uno puede discrepar sin que el periódico replique. ¿Hay mayor libertad?

El periódico ya leído es polivalente: para envolver, dibujar, secar superficies, avivar brasas de fuego, proteger superficies, etc. Incluso es reciclable, lo que la naturaleza agradece.

¿Y qué decir de la lealtad del periódico, como un perro fiel?, que puede estar a nuestro lado en el sofá, o en la cama, o esperarnos en el vehículo. Sin rechistar, siempre disponible.

A diferencia de un archivo digital, el papel ofrece una experiencia física (textura, olor, peso) que crea una conexión emocional más fuerte con el lector y hace que la información o el anuncio sean más memorables.

Los periódicos impresos siguen ofreciendo ventajas únicas que los formatos digitales no han podido replicar por completo, como:

Hace que las revistas sean más accesibles para quienes no tienen una conexión regular a internet o tienen dificultades para leer en una pantalla, especialmente en la de un teléfono.

Además, las revistas y los periódicos impresos no dependen de algoritmos ni de la conexión a internet. Su vida útil es mayor porque se pueden recopilar, consultar repetidamente o prestar, lo que naturalmente amplía su alcance.

Por último, desde la perspectiva de la retención de información, algunos estudios neurocientíficos demuestran que leer en papel promueve una mayor concentración, facilitando el procesamiento de datos y la memorización verbalizada en comparación con las pantallas.

Gran cosa, el periódico. Y gran placer leerlo y rumiarlo. Nos hace ser más grandes.

 


3 de febrero de 2026

Revisión por pares

 

Cuando los estudios basura invaden las publicaciones cientíicas por la presión del "publicar o morir":

Peer Review is the Worst Way to Publish Science
https://grimoiremanor.substack.com/p/peer-review-is-the-worst-way-to-publish 

En este artículo Chris Ferguson dice que la revisión por pares es la peor forma de publicar ciencia… excepto por todo lo demás que se ha probado.

En ello todos los que publicamos ciencia estamos de acuerdo.

Ferguson dice que el sistema está roto porque los revisores no cobran nada (es trabajo gratis), así que la mayoría lo hace a toda prisa, sin leer en detalle (por ejemplo, ni miran las figuras al final del paper, como en un caso famoso de un artículo en Scientific Reports con una figura absurda generada por IA que nadie descubrió). 

Los editores mandan decenas de invitaciones para conseguir solo dos revisores voluntarios, y muchos revisan por amistad, enemistad o por ideología. Hay conflictos de interés ocultos, revisiones superficiales, y a veces los editores ignoran las críticas buenas. El resultado es que artículos malos pasan fácil si encajan en la narrativa dominante, y los buenos se rechazan.

Pero Ferguson no defiende eliminar el sistema de revisión por pares, dice que sin él (por ejemplo, sólo con preprints y con comentarios públicos después) es peor, porque los estudios basura se convierten en "verdad" sin filtro y la gente los cita igual (da ejemplos en temas como prohibiciones de móviles en escuelas). 

Su consejo final es que hay que ser escéptico con todo lo publicado porque la peer review no garantiza calidad (muchos papers son muy malos), y los preprints sin revisión suelen ser aún peores en promedio.


29 de enero de 2026

Parar para pensar

 

En un mundo que no frena, pararse a pensar es nuestra última línea de defensa. Ya casi nadie lo hace y eso marca una diferencia profunda.

Para Hannah Arendt, el pensamiento es el antídoto a la inercia: el único acto capaz de interrumpir el funcionamiento automático para devolvernos el sentido de lo que somos y lo que hacemos.

Frente al "Atrévete a pensar" de Kant, Arendt nos diría: Atrévete a parar para poder pensar.

27 de enero de 2026

Librofilia

 

La nota de hace unos días, El rendimiento de los hobbies, me produjo cierta desazón, pues me reconocí en uno de los aspectos que la autora señala: el afán lector. No por lograr metas de lectura rápida (tan de moda hoy día) ni por presumirlo en las redes, por cierto, sino por total y absoluta concupiscencia de las letras, por gozar de manera intensa del placer de la palabra escrita y del tacto de los libros.

Como Marguerite Duras, yo asumo la lectura como una forma de vida, y no como un acto para pasar el tiempo. Eso marca una gran diferencia.

Yo leo porque quiero vivir otras vidas, conocer otros lugares, resolver otros misterios, escribir otros poemas. “Cuando tengo un libro en mis manos, veo con más optimismo la vida, soy una bestia mucho más tierna y menos cínica. Hasta confío en la justicia" (J.C. Moya).

Sí, yo confieso que soy un lector voraz, de esos de inmersión profunda que se desconectan del entorno y, en ocasiones, viven la vida de los personajes que leen. Yo me he batido con Malatesta (El capitán Alatriste), he muerto de frío en las aguas heladas del Atlántico (La última noche del Titanic), he llorado por la muerte en la guillotina de Maurice Brotteaux (Los dioses tienen sed), me ha conmovido la bondad del obispo Myriel (Los Miserables), me han estremecido las noches de viento en Santa Elena (Napoleón: una vida) y me he enamorado de Simonetta Vespucci (El sueño de Botticelli).

Para mí, la búsqueda de nuevas lecturas es incesante. Me satisface empezar un libro y más todavía el terminarlo; en ocasiones experimento una cierta “saudade” al finalizar uno bueno de verdad, pero inmediatamente siento una necesidad imperiosa de comenzar otro.

Dice Juan Carlos Moya que así como hay diversas lecturas, también hay diversos lectores, cada uno poseyendo su fin y su sin sentido: Stephen King es un lector compulsivo y lee en cualquier lado donde vaya; Germán Dehesa, buscaba su sillón preferido y se acompañaba con un whisky con soda; Charles Dickens leía cuando salía de paseo; Virginia Wolff se encerraba en un espacio privado para asegurar silencio y que no la interrumpieran; Marcel Proust se arrellanaba en las mullidas reconditeces de su alcoba; Juan Carlos Onetti leía en la cama (bueno, él todo lo hacía en la cama); Jorge Luis Borges tenía lectores y, al igual que su alter ego de El nombre de la rosa, Jorge de Burgos, se sabía de memoria cientos de páginas y ubicaciones de libros en su biblioteca. Haruki Murakami es metódico y solo lee a ciertos autores y a una hora específica del día. Ernest Hemingway era un lector voraz que prefería leer de pie, apoyado en un atril, mientras disfrutaba de sus daikiris asesinos.

Cada vez que leemos los frutos de veneno y miel de los escribas, damos un paseo por el jardín de las vidas imposibles. Renacemos, multiplicamos nuestra experiencia con las desventuras/conquistas de cada personaje vegetal. Leer es la consagración de la soledad y el silencio, un homenaje a la palabra, a la sangre/tinta humana, al testimonio escrito de la vida.

-- Juan Carlos Moya

Total, que para mí, leer “es un placer genial, sensual”, es una acción que eleva la literatura a nivel de culto, porque los libros, como dijo Umberto Eco, son un seguro de vida, una pequeña anticipación de inmortalidad.

 


23 de enero de 2026

El rendimiento de los hobbies

 

Los hobbies han dejado de ser un espacio de relajación para convertirse en una actividad cuantificable, visible y cada vez más consumista.

Lo que antes era un refugio íntimo hoy, sobre todo entre generaciones más jóvenes y personas inmersas en redes sociales, se mide en números, se exhibe en ellas y se optimiza para cumplir metas externas.

Leer, cocinar, pintar, tejer, escribir o incluso caminar ya no basta con disfrutarlas: ahora muchos documentan y monetizan este tipo de actividades. En este proceso, los hobbies, incluida la lectura, corren el riesgo de perder su función principal de ofrecer un espacio sin exigencias, sin métricas y sin espectadores.

Esta performatividad desplaza el sentido original de la lectura y refuerza la idea de que en lugar de leer para comprender o sentir, se lee para demostrar que se está leyendo y presumirlo en las redes. Lo mismo ocurre con otros pasatiempos.

|  No convertir el ocio en currículum.


Cocinar ya no es preparar platillos, es reproducir recetas virales con utensilios específicos y perfectos. Colorear ya no es simplemente rellenar espacios de una imagen con colores; es comprar materiales “imprescindibles” recomendados por influencers, donde contar con ciertas marcas de marcadores o colores, libros de moda y colorear a la perfección es ahora la normalidad. Incluso el ejercicio, el journaling (la práctica de escribir de manera regular pensamientos, emociones o reflexiones personales) o la jardinería se han convertido en mercados saturados de productos y de contenido optimizado. El texto From Passion to Price Tags describe cómo los influencers transforman hobbies en listas de compras, desplazando la experiencia por adquisición. Antes de disfrutar, hay que consumir.

Diversos estudios coinciden en que los pasatiempos cumplen una función clave para la salud mental y emocional cuando se practican sin la presión de rendimiento ni de objetivos productivos. Investigaciones recientes señalan que involucrarse regularmente en actividades recreativas, como leer, pintar, cocinar, tocar un instrumento o practicar algún deporte por placer, se asocia con menores niveles de estrés, ansiedad y síntomas depresivos, así como con una mayor sensación de bienestar general. Incluso los pasatiempos sencillos pueden contribuir a una mejor regulación emocional y a una mayor flexibilidad cognitiva, al ofrecer espacios de pausa y disfrute que contrastan con las demandas constantes de la vida cotidiana. Los pasatiempos funcionan como factores protectores frente al agotamiento mental, al permitir que el cerebro se desconecte de tareas orientadas a resultados y se involucre en actividades intrínsecamente gratificantes.

Los pasatiempos no son un lujo ni una pérdida de tiempo, sino una necesidad psicológica fundamental, cuyo valor se diluye cuando se transforman en tareas medibles, consumibles o sujetas a comparación constante. 

 

Paulette Delgado, Cuando los ‘hobbies’ dejan de ser refugio y se convierten en rendimiento, publicado en enero de 2026 en el diario digital Edu News, Observatorio del IFE del Tecnológico de Monterrey.


22 de enero de 2026

Dislexia

La dislexia hizo de mi primer año de primaria una experiencia ingrata. Yo no podía distinguir una b de una d, una p de una q y las E siempre las confundía con un 3 y las ponía al revés. Por no poder hacer estas distinciones básicas de la lecto-escritura, en la clase yo era “el burro”. Mi cuaderno de escritura estaba lleno de taches rojos. La dislexia también afecta la capacidad de “hacer quebrados”, la lectura de cifras en voz alta y la memorización de secuencias de números. Esto último me afectó incluso en mi trabajo docente muchos años después.

Las mentes con dislexia procesan la información de una manera diferente. A menudo llamada la “dificultad oculta”, la dislexia no muestra signos visibles y su expresión es muy variada. Si los docentes no están debidamente preparados, no siempre saben cómo reconocer estas condiciones.

Ni mis maestras ni mis padres identificaron esta situación; yo solo era “medio burro”, es decir, para algunas cosas sí y para otras no, como las cuestiones visuales o manipulativas. Es algo que aprendes a manejar, a disimular, para sobrevivir en la primaria; los compañeros de la banca de al lado ayudan mucho.

La dislexia también permanece “oculta” porque aquellos que la experimentan evitan hablar sobre sus problemas de aprendizaje. Muchos comparten estrategias para mantenerse al día en el entorno escolar tradicional, pero pueden llegar a sufrir baja autoestima debido al esfuerzo que conlleva sobrevivir en un sistema educativo que no está diseñado para ellos.

Con el tiempo aprendí a manejarme en situaciones comprometedoras, pues la dislexia no se cura, por ser una condición neurobiológica. La dislexia persiste, pero se puede sobrellevar y manejar eficazmente (a veces por esfuerzo propio y otras con ayuda profesional). Sus efectos se atenúan conforme uno se hace adulto. Yo llegué a ser ávido lector y también profesor de ingeniería mecánica. Mis alumnos se daban cuenta del asunto cuando yo leía cifras largas o ellos me dictaban una cantidad; era la excusa para chacotear un poco a expensas del profe.

A pesar de todos estos retos, muchos disléxicos son expertos en matemáticas de alto nivel y sobresalen en áreas como pensamiento crítico, creatividad y comunicación. Su expresión oral e inteligencia pueden ser excepcionales, logran llegar a ser líderes en sus campos profesionales e incluso empresarios muy exitosos.

Entre las personas con dislexia que han destacado se puede mencionar a Winston Churchill, Pau Picasso, Ernest Hemingway, el príncipe William de Gales, George Lucas, Quentin Tarentino, Richard Branson…

El éxito que muchos experimentan debido a su dislexia (y no a pesar de ella) es una clara señal de que nuestro sistema educativo requiere ir más allá del alumno estándar y adaptarse a este grupo particular de estudiantes, sino también precisa encontrar la forma en que estos dones prosperen, en el aula y fuera de ella. Cuando a una persona con dislexia se le apoya, puede llegar a lograr cosas sorprendentes.


19 de enero de 2026

Vertiginosidad y lastre

 

Esta reflexión del periodista español Antonio Ramírez (publicado originalmente en el diario digital El Faro de Melilla y que yo leí como un posteo de Ex-Twitter) me caló hondo, porque me vi en lo que describe que le ocurre a las personas más cercanas del blanco y negro que del ultracolor de 281 billones de tonos a 16 bits. 

En el mundo digital yo también llevo “la cadencia del que creció y se formó de manera analógica”, y ello me ha traído algunas amargas pruebas en la vida digital, en especial la de los trámites de servicios públicos del gobierno.


Si se le pregunta a la IA (inteligencia artificial) -esa que abre mundos indómitos, pero también abismos a la inteligencia humana- qué es la vida digital contesta raudo que es “la integración profunda de la tecnología en la vida cotidiana, abarcando actividades, relaciones y experiencias a través de internet, smartphones y redes sociales, transformando la comunicación la comunicación, el trabajo y el entretenimiento”. Casi el pan de cada día con sus menesteres.

Cualquier gestión, bancaria, con la hidra de administraciones, compra de servicios o de enseres y caprichos, puede ser realizada a golpe digital. Eso sí, salvando obstáculos de toda índole que en forma de anuncios publicitarios, reclamos o recabadores de información amén de la panoplia de claves, contraseñas y usuarios que, difícilmente y, claro, en aras de la seguridad, caben con solvencia en cabeza humana. Prácticamente, solo citan al cara a cara, en vivo y en directo, cuando, se supone, se debe demostrar estar con vida.

Pero he ahí que a la generación más cercana al tono sepia que al ultracolor, cuando en uno de los pasos (en ocasiones y dependiendo la gestión) se encasquilla la cosa o por error se da donde no se debe, se pasa de lo inmediato a lo inviable o irrealizable; se queda preso por el errático proceder y la protección se convierte en duda, el naufragio es inmediato y vuelta a la navegación, regreso al intento desde el puerto iniciático. Eso si no se acaba cayendo en las redes de maldad que acechan y ejecutan en las nuevas tecnologías y de manera insomne.

Muchas ventajas, sin duda, ofrece Internet, las nuevas tecnologías, porque “han transformado la cultura humana, las estructuras de poder y las vidas cotidianas en una sola generación y forma parte indisoluble del tejido de la realidad” bueno es saber aprovecharlas y quedarse en el lado del bien: entre otras, la divulgación y el conocimiento, la capacidad de convocatoria, la inmediatez, la búsqueda y su encuentro o la inmensa capacidad de sensibilizar a favor de causas que merecen la atención.

Pero igualmente ha creado un cómputo inabarcable de aquello que Sherry Turkle ha llamado “soledades acompañadas”. Los niños edad creciente ya no juegan igual que antes, ni mucho menos los jóvenes se relacionan como antaño con los demás o con las fuentes de conocimiento. En no pocos casos se llega al desmán o la pérdida de valores que, por mucho que avance con velocidad la vida, siguen siendo esenciales.

Este modesto escrito no es un reproche a la incuestionable existencia que suponen los avances tecnológicos y su aprovechamiento. Por el contrario, desde el sencillo acceso y uso al que se le dedica, por parte de a quienes les corresponde, seguro, que ímprobos esfuerzos para la facilidad y simplicidad razonables, es bueno y necesario subirse a bordo. Pero sí, igualmente, que la vertiginosidad de la vida digital no va muy de acorde con la cadencia y necesidades que lastran a una generación que creció y se formó de manera analógica.


15 de enero de 2026

Sobreprotección parental en la uni

 


Esta semana, la UNAM publicó en sus redes esta infografía sobre la sobreprotección parental. Si bien está dirigida a los padres que tienen hijos en educación básica y media, todo lo que dice se aplica tal cual a muchos padres con progenie en la universidad. Y lo digo por experiencia.

Puedo contar docenas de anécdotas de madres (porque siempre son las mamás) que llegaron a mi oficina para reclamar por la calificación de su vástago o por la manera en la que “está siendo tratado” o por los comentarios hechos en clase:

- No es posible que mi hijo saque 50 si en la preparatoria siempre sacaba 100 en todo.

- Vengo a aclarar con usted la calificación de mi muchacho.

- Quiero que me acompañe a la oficina del director para que nos explique por qué reprobó mi hijo.

- ¿De qué forma podemos arreglar la situación de mi hijo?

Claro que, si así intervinieron en la primaria, la secundaria y la preparatoria, para estas personas no hay inconveniente en seguir haciéndolo en la universidad. Siempre entran al quite para resolver los problemas de sus hijos o para apartar una situación difícil. De ahí, en buena parte, la falta de resiliencia de estas generaciones “de mazapán”.

Me resulta asombroso que estas personas no vean lo mucho que interfieren en la autonomía de sus hijos como personas adultas que necesitan desarrollar sus propias capacidades y tomas de decisiones.

Pero lo peor resulta en los jóvenes que, como se dice coloquialmente, “no disparan ni en defensa propia” y esperan que sus padres vayan a la universidad para que les resuelvan sus dificultades académicas, porque ya están habituados a que otros los saquen de sus atolladeros.

Hay padres que incluso intentan participar en sus procesos de selección para un empleo. Más de una vez he escuchado la recomendación de los responsables de recursos humanos en las ferias de reclutamiento de que los candidatos no vayan con sus padres a las entrevistas laborales. Advertencias de este tipo ponen de manifiesto el estado en que andan las cosas.

Los padres “helicóptero”, lejos de ser una ayuda, tienen un impacto muy negativo en el desarrollo psicológico y emocional de sus hijos universitarios. Sus acciones, aunque bien intencionadas, inhiben su autosuficiencia e impiden que los jóvenes adquieran habilidades vitales para la edad adulta.


14 de enero de 2026

Alianza que sorprende

 

La reciente alianza estratégica de Apple con Google para incorporar su IA Gemini a Siri le da una ventaja muy importante en la guerra de las IA frente a sus competidores.

Apple cede el control de la infraestructura base de su IA a cambio de velocidad y capacidad, mientras que Google asegura una distribución masiva que deja a OpenAI y Microsoft en una posición de nicho o dependencia para servicios específicos en el entorno móvil. Así, Google se posiciona como el proveedor de IA para cerca del 90% de los usuarios de teléfonos inteligentes de gama alta (2 mil millones de usuarios activos).





12 de enero de 2026

Regresar a Facebook

 

Con Facebook he llevado una relación de amor y desamor mutuo. En un principio fui gran fan de esta red social, pero luego, como en toda relación, surgieron nuestras diferencias. Empezando con algunos de los amigos, que resultaron miembros de closet de la Liga de las Buenas Costumbres, constantemente ofendidos por comentarios, memes o contenidos compartidos; y continuando luego con el algoritmo que, como el Gran Hermano de Orwell, se puso a vigilar las conversaciones para cuidar la moral del discurso. El resultado acabó siendo la creación de un mundo artificial que muestra vidas filtradas (felices y perfectas), similares a las del “Planeta Lindo” del Conde Pátula (tarea para la casa: ver el capítulo del Pato Espacial), como ya lo señalé hace un tiempo en el posteo Un mundo feliz (oye, pero eso es de 2019!! Sí, desde entonces ando enmuinado con esa red social).

Pero, ¿es que acaso yo solo publico cosas incorrectas que retan al algoritmo y ofenden a Las buenas conciencias de mis amigos y lectores? (Si no te quedó clara la referencia, échale un ojo a Carlos Fuentes; ¡hay que leer, caramba!)

Me parece que no, pero no estoy muy seguro. Sobre todo, porque veo pasar por mi TL imágenes de mujeres tetonas enseñando hasta las amígdalas o posteos de iracundos contra los migrantes que llegan a su país y no parece que pase nada. Pero si yo publico la foto de unas jacarandas floreando en primavera, el algoritmo de FB la quita de mi muro –con su respectiva amonestación- por considerar que se trata de una imagen inapropiada (vio pelos donde no había). Postear críticas, sátiras e ironías puede que sí lo sea para algunos con los que ahí coincido, al fin de cuentas, Facebook es el Brave New World de la Era Digital y los Mr. Savage siempre son incómodos (tarea para la casa: leer a Aldus Huxley).

He tenido algunos desencuentros por lo publicado en mi muro (con trolls, cofrades de “la santa rodilla ensangrentada” y cuidadores del lenguaje incluyente), pero la gota que derramó el vaso fue la eliminación de la página en la que difundía los posteos de este blog, que siempre fueron de reflexión sobre educación y vida digital contemporánea, porque un alma sensible que se puso a hurgar en las publicaciones antiguas encontró que ciertos contenidos eran “inapropiados” y presentó una denuncia. ¿El tipo era terraplanista? ¿Antivacunas? ¿Antievolución? Vaya uno a saber. Como no actué con la celeridad que los administradores de FB hubieran querido para bajar esos contenidos, ellos decidieron eliminar la página entera y me dejaron con una amenaza de suspensión definitiva de cuenta en caso de reincidir. Su club, sus reglas. Pff!

Por eso lo dejé (dicen que “la mula no era arisca”). No publiqué nada de 2020 a 2025. Pero luego…

Luego organicé una fiesta y muchas de las personas a las que quería invitar solo las encontraba en FB, así que volví a entrar.

Con el cambio de año me topé con unas estadísticas que, para mi asombro, indican que en pleno inicio de 2026 Facebook “sigue siendo el rey”, como decía José Alfredo Jiménez: es la red social más grande y más popular del mundo. Según DataReportal y Statista, incorpora principalmente a Babyboomers (10%), Generación X (22%), Millennials (39%), Centennials (9%) y el otro 20% son empresas, servicios, asociaciones, universidades, generadores de contenido, etc. O sea que la quinta parte está presente para hacer negocio con las otras cuatro quintas partes, un marketplace de más de mil millones de usuarios activos al mes… Así cualquiera se mete a Facebook.


¿Por qué tanta popularidad de Facebook a pesar de ser una red tan melindrosa, censuradora, llena de haters y de publicidad? Porque, según Taggbox Company, el 90% (!!) de los consumidores de Internet tiene un perfil allí y el 74% de ellos lo visita a diario y pasa al menos 20 minutos navegando. Asombroso, ¿no les parece?

El alcance publicitario de la plataforma es in-men-so, habida cuenta que el grosso de los usuarios (más del 60%) es gente económicamente activa que puede comprar lo que se le anuncia en su TL, de acuerdo a su perfil de usuario, a lo que ve y comparte y a los “Like” que regala aquí y allá (todo se analiza).

Aunque es preciso matizar la información: de acuerdo a PrimeWeb, en México Facebook no es la primera red social, es la segunda; la primera es TikTok, cuya base de usuarios (60%) es menor de 24 años (obvio, en MX todavía hay más centennials que de las otras generaciones). Esa mayoría no es del todo económicamente activa, sus integrantes son dependientes de familia o de una beca del Bienestar, pero en revancha, es la principal consumidora de las tendencias de cultura digital, de desinformación y de productos y la que las propaga como reguero de pólvora. Allí también se producen las conversaciones sobre los temas de vanguardia que moldean la forma de pensar, sentir y consumir de nuestros jóvenes (ya saben a quién echarle la culpa).

Pero hay otra cara de esta moneda, algo de lo que no todos se dan cuenta todavía, que dejan pasar con indulgencia o que hasta les gusta: el contenido basura (slop). Según expertos del sitio de noticias tecnológicas Xataka, de la empresa de marketing digital Stan Ventures y del divulgador de TI Santiago Bilinkis, se estima que un 40% del contenido posteado en Facebook ya está generado por IA. No por humanos que se meten a Dall-E para hacer una imagen y luego la comparten, no, ¡de máquinas! Tremendo.

Eso significa que mucho de lo que se ve pasar por la TL no lo generó un sapiens (es un decir), sino que fue producido por spammers que buscan dirigir el tráfico a granjas de contenidos para obtener ganancias. Miles de imágenes y videos hechos para parecer reales, para atraer, para indignar, para conmover, para confundir o para hacer scrollear más. El objetivo de este contenido es retener al usuario, que vaya a ciertos sitios, que los comparta, que dé más clics, más Likes y que se quede más tiempo, en FB (mientras ve pasar centenares de anuncios publicitarios) o en otro sitio donde pueda gastar su dinero. El resultado es un Internet repleto de posteos de bots que buscan generar sentimientos que mantengan al humano pegado a su pantalla el mayor tiempo posible (de la adicción a las RRSS luego hablamos).

Lo peor es que ahora el algoritmo de FB presenta más esos contenidos con los que otros usuarios han interactuado y menos lo que publicaron los amigos. Así que, si medio mundo le da Like a la “foto” del papa Francisco en su abrigo blanco acolchado de Balenciaga eso es lo que verás en tu TL, en lugar de las fotos del bautizo del primogénito de tu prima Gertrudis. A este ritmo, a finales del presente año Facebook estará inundado de contenido basura y cada vez costará más trabajo encontrar los posteos de los amigos. Eso no me entusiasma.

Con todo esto, ¿vale la pena seguir en Facebook?

Habrá que tolerarlo si se quiere experimentar la vida de Internet. Parece que, a pesar de todos sus melindres, su censura selectiva, su publicidad invasiva, su políticamente correcto, sus buenas conciencias, sus haters, sus trolls, sus bots y su slop, Facebook sigue siendo la mejor manera que hay en el mundo digital para la conexión social: mantener amistades, saber de la familia lejana, relacionarse con comunidades y grupos, hallar entretenimiento, obtener información, enterarse de los sucesos del día, tener acceso a negocios y servicios, comercializar productos, promover marcas, comprar cosas lindas que no necesitamos, y así…

Por eso me la he pensado mejor y volví a asomarme por allí.

Procurando que sea un regreso pausado que me permita disfrutar de sus ventajas sociales (echo de menos a algunas amistades), padecer poco sus desventajas (es un decir), y, sobre todo, con algunas precauciones para no irme de la lengua o de la imagen y que no se me arme la gorda con el algoritmo o los amigos. Al fin de cuentas, no hay que pedirle peras al olmo. Para emitir críticas, ironías, sátiras, opiniones políticamente incorrectos y demás comentarios de libre expresión están otros espacios; como este, por ejemplo. En este blog hasta ahora no ha habido problema con ello; esperemos que así siga y que el diablo no venga a meter la cola.

Facebook es para que la gente “viva bonito” y se distraiga de las insensateces de la vida real, no para que le obliguen a pensar en ellas (eso lo entiendo ahora). Siempre es mejor tomar un “soma” de gatitos a ver memes políticamente incorrectos o estadísticas sobre la deplorable capacidad lectora de nuestros jóvenes…

Como dijo don Quijote: “Sobre el cimiento de la necedad, no asienta ningún buen oficio”.

Así que, allá nos vemos por un rato más.


8 de enero de 2026

"La meritocracia de los Reyes Magos"

 

Empezamos el año con un muy divertido artículo de José Saturnino Martínez, publicado el día de Reyes en El Diario de la Educación, llamado “La meritocracia de los Reyes Magos” (cuyo título rescato para esta nota en mi blog), en el que emula los reportajes satíricos de Philomena Cunk, la “reportera de investigación” que interpreta la actriz británica Diane Morgan. Su punto de partida se basa en dos hipótesis:

H1: Lo niños buenos, es decir, los que se portaron bien en el año, reciben regalos de Papá Noel, Santaclós, San Nicolás o los Reyes Magos (el que se prefiera según la cultura).

H2: La cantidad y calidad de los regalos son función del comportamiento de los niños, es decir, a mejor comportamiento mejores son los regalos.

La evidencia empírica mundial “sugiere que los niños ricos tienden a comportarse mejor que los niños pobres, pues reciben más y mejores regalos”. Al aplicar un estudio similar en España, el autor encuentra que hay “una asociación estadística robusta entre ingreso y buen comportamiento infantil”, lo que sugiere que los niños ricos son mejor portados que los niños pobres porque reciben más y mejores regalos,

Se concluye que los niños pobres tienen que hacer más méritos para alcanzar un mejor nivel de obsequios.

Con esto, el autor expresa de forma satírica dos críticas importantes al sistema académico actual: a la metodología de investigación (correlación no implica causalidad) y al dominio de la meritocracia, que se ha convertido en un lastre que, según la investigadora educativa Irma Villalpando, deja de lado las condiciones contextuales, socioeconómicas y de capital cultural.

El artículo no recibió comentarios en el diario digital en que se publicó, pero su difusión en Ex-Twitter causó risas y también indignación y protestas de quienes lo leyeron literalmente, como resultado de “una investigación seria” (que por supuesto nadie se tomó la molesta de verificar) y que no saben distinguir la sátira de un comentario real.

Esto ocurre cada vez más en el Internet actual.

La incapacidad actual de la gente para distinguir la sátira o la ironía de un comentario real se debe a una combinación de factores psicológicos, el funcionamiento actual de las redes sociales y un entorno de información altamente polarizado. La sátira utiliza la ironía, la exageración y la burla para criticar algún comportamiento no deseable, pero en la era digital estos matices suelen perderse para la mayoría. ¿Por qué?

Porque las personas tienden a aceptar más fácilmente las noticias falsas o exageradas si coinciden con sus propias creencias políticas o sociales (sesgo de confirmación). Cuando la sátira ataca a las creencias no compartidas, es más probable que la gente la tome como un comentario real y verídico, sin cuestionar su veracidad.

Porque en las redes sociales (en especial Ex-Twitter, Instagram y TikTok) el contenido se consume rápidamente y a menudo fuera de contexto. Un titular satírico desvinculado de la publicación original puede parecer una noticia real, provocando reacciones inmediatas sin una lectura crítica. Hay poca inclinación al análisis crítico de lo que se lee antes de reaccionar a ese contenido, compartiéndolo o atacándolo. La sátira requiere reflexión para entender el trasfondo, mientras que la respuesta rápida es emocional. Pero en el Internet actual la realidad a menudo supera a la ficción, lo que hace que los comentarios irónicos, satíricos o de parodia parezcan plausibles.

Porque, a diferencia de una conversación cara a cara, donde el tono de voz y el lenguaje corporal indican ironía, en el texto escrito es más fácil malinterpretar la intención. Si el receptor tiene pobres habilidades lectoras o no conoce el estilo del autor, la sátira puede parecer un comentario serio.

La sátira busca ridiculizar para hacer reflexionar, pero cuando el entorno es hostil y la información se consume de manera superficial, se convierte fácilmente en desinformación.

Por ello, necesitamos más ironía en la vida, en nuestras vidas, porque la sátira y la ironía funcionan como una herramienta cognitiva y emocional necesaria para navegar la complejidad, las contradicciones y el estrés del mundo moderno. La sátira que utiliza el humor, la ironía y la exageración —expresando lo contrario de lo que se quiere decir o resaltando la discrepancia entre lo esperado y lo real— nos ayuda a suavizar la realidad, promoviendo la agilidad mental y la inteligencia emocional.