12 de enero de 2026

Regresar a Facebook

 

Con Facebook he llevado una relación de amor y desamor mutuo. En un principio fui gran fan de esta red social, pero luego, como en toda relación, surgieron nuestras diferencias. Empezando con algunos de los amigos, que resultaron miembros de closet de la Liga de las Buenas Costumbres, constantemente ofendidos por comentarios, memes o contenidos compartidos; y continuando luego con el algoritmo que, como el Gran Hermano de Orwell, se puso a vigilar las conversaciones para cuidar la moral del discurso. El resultado acabó siendo la creación de un mundo artificial que muestra vidas filtradas (felices y perfectas), similares a las del “Planeta Lindo” del Conde Pátula (tarea para la casa: ver el capítulo del Pato Espacial), como ya lo señalé hace un tiempo en el posteo Un mundo feliz (oye, pero eso es de 2019!! Sí, desde entonces ando enmuinado con esa red social).

Pero, ¿es que acaso yo solo publico cosas incorrectas que retan al algoritmo y ofenden a Las buenas conciencias de mis amigos y lectores? (Si no te quedó clara la referencia, échale un ojo a Carlos Fuentes; ¡hay que leer, caramba!)

Me parece que no, pero no estoy muy seguro. Sobre todo, porque veo pasar por mi TL imágenes de mujeres tetonas enseñando hasta las amígdalas o posteos de iracundos contra los migrantes que llegan a su país y no parece que pase nada. Pero si yo publico la foto de unas jacarandas floreando en primavera, el algoritmo de FB la quita de mi muro –con su respectiva amonestación- por considerar que se trata de una imagen inapropiada (vio pelos donde no había). Postear críticas, sátiras e ironías puede que sí lo sea para algunos con los que ahí coincido, al fin de cuentas, Facebook es el Brave New World de la Era Digital y los Mr. Savage siempre son incómodos (tarea para la casa: leer a Aldus Huxley).

He tenido algunos desencuentros por lo publicado en mi muro (con trolls, cofrades de “la santa rodilla ensangrentada” y cuidadores del lenguaje incluyente), pero la gota que derramó el vaso fue la eliminación de la página en la que difundía los posteos de este blog, que siempre fueron de reflexión sobre educación y vida digital contemporánea, porque un alma sensible que se puso a hurgar en las publicaciones antiguas encontró que ciertos contenidos eran “inapropiados” y presentó una denuncia. ¿El tipo era terraplanista? ¿Antivacunas? ¿Antievolución? Vaya uno a saber. Como no actué con la celeridad que los administradores de FB hubieran querido para bajar esos contenidos, ellos decidieron eliminar la página entera y me dejaron con una amenaza de suspensión definitiva de cuenta en caso de reincidir. Su club, sus reglas. Pff!

Por eso lo dejé (dicen que “la mula no era arisca”). No publiqué nada de 2020 a 2025. Pero luego…

Luego organicé una fiesta y muchas de las personas a las que quería invitar solo las encontraba en FB, así que volví a entrar.

Con el cambio de año me topé con unas estadísticas que, para mi asombro, indican que en pleno inicio de 2026 Facebook “sigue siendo el rey”, como decía José Alfredo Jiménez: es la red social más grande y más popular del mundo. Según DataReportal y Statista, incorpora principalmente a Babyboomers (10%), Generación X (22%), Millennials (39%), Centennials (9%) y el otro 20% son empresas, servicios, asociaciones, universidades, generadores de contenido, etc. O sea que la quinta parte está presente para hacer negocio con las otras cuatro quintas partes, un marketplace de más de mil millones de usuarios activos al mes… Así cualquiera se mete a Facebook.


¿Por qué tanta popularidad de Facebook a pesar de ser una red tan melindrosa, censuradora, llena de haters y de publicidad? Porque, según Taggbox Company, el 90% (!!) de los consumidores de Internet tiene un perfil allí y el 74% de ellos lo visita a diario y pasa al menos 20 minutos navegando. Asombroso, ¿no les parece?

El alcance publicitario de la plataforma es in-men-so, habida cuenta que el grosso de los usuarios (más del 60%) es gente económicamente activa que puede comprar lo que se le anuncia en su TL, de acuerdo a su perfil de usuario, a lo que ve y comparte y a los “Like” que regala aquí y allá (todo se analiza).

Aunque es preciso matizar la información: de acuerdo a PrimeWeb, en México Facebook no es la primera red social, es la segunda; la primera es TikTok, cuya base de usuarios (60%) es menor de 24 años (obvio, en MX todavía hay más centennials que de las otras generaciones). Esa mayoría no es del todo económicamente activa, sus integrantes son dependientes de familia o de una beca del Bienestar, pero en revancha, es la principal consumidora de las tendencias de cultura digital, de desinformación y de productos y la que las propaga como reguero de pólvora. Allí también se producen las conversaciones sobre los temas de vanguardia que moldean la forma de pensar, sentir y consumir de nuestros jóvenes (ya saben a quién echarle la culpa).

Pero hay otra cara de esta moneda, algo de lo que no todos se dan cuenta todavía, que dejan pasar con indulgencia o que hasta les gusta: el contenido basura (slop). Según expertos del sitio de noticias tecnológicas Xataka, de la empresa de marketing digital Stan Ventures y del divulgador de TI Santiago Bilinkis, se estima que un 40% del contenido posteado en Facebook ya está generado por IA. No por humanos que se meten a Dall-E para hacer una imagen y luego la comparten, no, ¡de máquinas! Tremendo.

Eso significa que mucho de lo que se ve pasar por la TL no lo generó un sapiens (es un decir), sino que fue producido por spammers que buscan dirigir el tráfico a granjas de contenidos para obtener ganancias. Miles de imágenes y videos hechos para parecer reales, para atraer, para indignar, para conmover, para confundir o para hacer scrollear más. El objetivo de este contenido es retener al usuario, que vaya a ciertos sitios, que los comparta, que dé más clics, más Likes y que se quede más tiempo, en FB (mientras ve pasar centenares de anuncios publicitarios) o en otro sitio donde pueda gastar su dinero. El resultado es un Internet repleto de posteos de bots que buscan generar sentimientos que mantengan al humano pegado a su pantalla el mayor tiempo posible (de la adicción a las RRSS luego hablamos).

Lo peor es que ahora el algoritmo de FB presenta más esos contenidos con los que otros usuarios han interactuado y menos lo que publicaron los amigos. Así que, si medio mundo le da Like a la “foto” del papa Francisco en su abrigo blanco acolchado de Balenciaga eso es lo que verás en tu TL, en lugar de las fotos del bautizo del primogénito de tu prima Gertrudis. A este ritmo, a finales del presente año Facebook estará inundado de contenido basura y cada vez costará más trabajo encontrar los posteos de los amigos. Eso no me entusiasma.

Con todo esto, ¿vale la pena seguir en Facebook?

Habrá que tolerarlo si se quiere experimentar la vida de Internet. Parece que, a pesar de todos sus melindres, su censura selectiva, su publicidad invasiva, su políticamente correcto, sus buenas conciencias, sus haters, sus trolls, sus bots y su slop, Facebook sigue siendo la mejor manera que hay en el mundo digital para la conexión social: mantener amistades, saber de la familia lejana, relacionarse con comunidades y grupos, hallar entretenimiento, obtener información, enterarse de los sucesos del día, tener acceso a negocios y servicios, comercializar productos, promover marcas, comprar cosas lindas que no necesitamos, y así…

Por eso me la he pensado mejor y volví a asomarme por allí.

Procurando que sea un regreso pausado que me permita disfrutar de sus ventajas sociales (echo de menos a algunas amistades), padecer poco sus desventajas (es un decir), y, sobre todo, con algunas precauciones para no irme de la lengua o de la imagen y que no se me arme la gorda con el algoritmo o los amigos. Al fin de cuentas, no hay que pedirle peras al olmo. Para emitir críticas, ironías, sátiras, opiniones políticamente incorrectos y demás comentarios de libre expresión están otros espacios; como este, por ejemplo. En este blog hasta ahora no ha habido problema con ello; esperemos que así siga y que el diablo no venga a meter la cola.

Facebook es para que la gente “viva bonito” y se distraiga de las insensateces de la vida real, no para que le obliguen a pensar en ellas (eso lo entiendo ahora). Siempre es mejor tomar un “soma” de gatitos a ver memes políticamente incorrectos o estadísticas sobre la deplorable capacidad lectora de nuestros jóvenes…

Como dijo don Quijote: “Sobre el cimiento de la necedad, no asienta ningún buen oficio”.

Así que, allá nos vemos por un rato más.


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