Hojas de apuntes
Notas, reflexiones e ironías sobre educación y sociedad contemporánea
17 de abril de 2026
13 de abril de 2026
Adolescencia e Internet
Veía yo en la Gaceta UNAM
de diciembre que los mexicanos usan más Internet que el promedio mundial: en el
mundo el 62.5% de las personas se conectan a Internet en un promedio de 6.5
horas al día; en cambio el 80% de los mexicanos se conecta por poco más de 9
horas al día. Impresionante.
Y de esa enorme cantidad de
mexicanos que no se despegan de la web, el 69% corresponde a jóvenes entre 12 y
17 años, dedicando gran parte de su tiempo a plataformas como WhatsApp, TikTok,
YouTube e Instagram. Esta alta conectividad, según Eduardo Portas (investigador
de la Universidad Anáhuac), conlleva riesgos significativos como ciberacoso,
adicción, trastornos del sueño, comparación social y problemas de salud mental
como ansiedad y depresión.
De acuerdo al diario ABC de España,
un análisis de las universidades Rey Juan Carlos y Pontificia publicado en
febrero también muestra consumos altos de Internet, pero en este trabajo se
analizó el efecto de las redes sociales (RRSS), encontrando que el 60% de los adolescentes
encuestados reconoció tomar horas de su sueño por estar conectados. El 76.5%
reconoció sentir ansiedad si no responde inmediatamente a los mensajes o
notificaciones que le llegan por los diversas redes, la mitad declaró tener
sentimientos de inseguridad si se quedan sin conexión y el 98% reconoció una
necesidad funcional y emocional de estar en línea en las RRSS.
Sea como sea, las redes
sociales llegaron para quedarse. Su uso excesivo entre los jóvenes comienza a
ser cuestionado por expertos que afirman que crea personas fáciles de distraer
y que requieren ser estimuladas audiovisualmente para mantener su atención por
breves espacios de tiempo. Otras críticas se concentran en el aspecto más
social de las herramientas: las comparaciones personales que se hacen frente a
personas que aparecen en una pequeña pantalla y logran afectar la psique del
adolescente
Las consecuencias sociales, educativas
y de salud de este hecho apenas comienzan a ser estudiadas. Pero al parecer,
esa adicción sí tiene un impacto, y se necesita que los especialistas de estos
campos nos ayuden a pensar qué hacer para disminuir esta problemática que está
creciendo.
11 de abril de 2026
Junkification
10 de abril de 2026
Hiperproducción científica
Publish or
perish (“publica o perece”) es la expresión que resume el principio
organizador de buena parte de la carrera académica moderna: para conseguir y mantener
empleo, promoción, financiación y reputación, el investigador debe publicar de
forma continua en revistas indexadas, mejor si son del primer cuartil (el mítico Q1). No se trata solo de “comunicar
resultados”, sino de cumplir un umbral de productividad medible: número de
artículos, calidad percibida del lugar de publicación, citas, impacto,
posiciones de autoría, etc. Todo suma. En esa lógica, “perecer” significa
quedar fuera de la competencia: no obtener becas o proyectos, no estabilizarse,
no ascender, no ser visible en el campo. La desaparición científica.
“Publish or
perish” resume cómo el sistema científico se ha ido racionalizando
alrededor de indicadores y procedimientos (evaluaciones periódicas, rankings,
auditorías, acreditaciones) que convierten la publicación en moneda de cambio. Esto puede
tener efectos positivos (incentivar la difusión, estandarizar criterios, aumentar
circulación de conocimiento), pero genera tensiones más que conocidas:
prioridad a lo rápido y “publicable”, aversión al riesgo (menos investigación exploratoria), presión
por fragmentar resultados, saturación del peer review y estrés, mucho estrés, especialmente en las fases iniciales
de la carrera científica.
El sistema de producción, circulación y evaluación
científica está a punto de colapsar. Si lo
analizamos con el modelo de la economía política, podemos afirmar que el coste de producir un artículo científico se reduce cada
semana. El uso de las inteligencias artificiales para definir
objetivos y preguntas de investigación, construir marcos teórico y
metodológicos, procesar datos, extraer conclusiones y redactar un informe
(acompañado de sus tablas, figuras y bibliografía) se extiende y lleva a
un incremento exponencial de la producción en
todas las disciplinas, desde la matemática y la física
hasta las ciencias sociales. El fenómeno no es nuevo pero las IA lo están hiperacelerando hasta límites impensables.
“Los modelos de IA de frontera
-en concreto, Gemini Deep Think y sus variantes avanzadas- han superado un
umbral crítico. Ya no son meras herramientas para la automatización rutinaria,
el procesamiento de datos o el formateo sintáctico; ahora son capaces de actuar
como auténticos colaboradores de nivel experto en el descubrimiento matemático
y algorítmico. A través de la informática teórica, la economía, la física y la
optimización, hemos mostrado que los LLM pueden resolver activamente conjeturas
abiertas, ajustar cotas matemáticas mantenidas durante décadas y localizar
teoremas oscuros y transdisciplinares para sortear bloqueos que frenan a los
investigadores humanos” (AAVV, “Accelerating Scientific
Research with Gemini: Case Studies and Common Techniques”, 2026).
La hiperproducción de
artículos científicos está llevando al colapso de las publicaciones científicas. Ya no solo
tardan cada vez más en dar una respuesta a los ansiosos autores: directamente rechazan textos por no tener tiempo de darles
ni siquiera una rápida ojeada. Antes, por lo menos, te
decían que el artículo “no encaja con los objetivos (o la metodología) del
journal”. El correo que nos mandó el editor sudaba
frustración. Además, no hay revisores suficientes para tantos papers. El
viernes recibí tres propuestas de revisión. Con suerte, aceptaré una. Lo mismo
está pasando con los grandes congresos científicos: la cantidad de ponencias recibidas aumenta de manera
constante. Sinceramente, no quisiera estar en las botas de un editor
científico o del organizador de un congreso. El riesgo de morir aplastado por
la masa textual es muy alto.
¿Qué hacer ante esta avalancha?
Una posible solución consiste
en utilizar las inteligencias artificiales en los
procesos de evaluación. Si millones de científicos
utilizan las inteligencias artificiales para incrementar su producción textual,
la otra forma de lidiar con esa montaña de documentos es recurriendo a las
mismas armas.
“Una posible respuesta consiste
en aprovechar la misma tecnología para ayudar a evaluar manuscritos. ‘Agentes
revisores’ especializados podrían señalar inconsistencias metodológicas,
verificar afirmaciones e incluso evaluar la novedad. Que este enfoque escalable
ayude a editores y revisores a centrarse en el fondo más que en señales
superficiales, o que introduzca desafíos nuevos e imprevistos en el proceso
científico, es una incertidumbre crítica” (AAVV, “Scientific production in the era of large language models”, Science, 2025).
Incorporar las inteligencias
artificiales a los procesos de evaluación nos lleva al tema de los sesgos y alucinaciones de los LLM. Una
inteligencia artificial podría dejar fuera de circulación un aporte científico
relevante debido a las limitaciones de entrenamiento. Ahora bien, dado que la evaluación por pares también está plagada de
sesgos y subjetividades, quizás este sistema sea el menos malo como alternativa. Una
inteligencia artificial bien entrenada -y subrayo lo
de «bien entrenada»- podría ayudar a filtrar una masa textual que no para de
crecer. Los que no quieran ser sometidos a la AI-review, siempre
pueden optar por la revisión por pares o por la publicación en abierto sin revisión.
En cualquiera de los casos, el sistema actual de producción, circulación y evaluación
está a punto de colapsar.
Carlos A. Scolari (2026), Economía
política del paper (i): La gran implosión. Hipermediaciones.
8 de abril de 2026
De género, política y cultura
7 de abril de 2026
El futuro que construyen las RRSS
Al
feed no le importa si lo que retiene tu atención tiene pulso. Le importa si te
quedas.
Mark
Zuckerberg
La frase proviene de una
entrevista que Zuckerberg concedió a la periodista tecnológica Cleo Abram para
su pódcast Huge If True, titulada El futuro que Mark Zuckerberg
intenta construir.
Con esa frase, Zuckerberg describió
la muerte de la conexión humana en internet… y nadie se inmutó.
Aquí comparto algunas de sus
ideas (varias dan escalofríos):
- Las redes sociales comenzaron siendo principalmente un espacio donde las personas interactuaban con sus amigos. Y ahora… al menos la mitad del contenido es básicamente gente interactuando con creadores.
- Antes abrías tu teléfono para ver qué estaban haciendo tus amigos. Ahora lo abres para ver a desconocidos. Tú no elegiste esto. El algoritmo lo eligió por ti.
- El algoritmo puso a prueba a tus amigos contra desconocidos optimizados… y tus amigos perdieron. Cada vez.
- Un desconocido con mejor iluminación, mejor timing y un mejor gancho captó tu atención tres segundos más que alguien que te quiere.
- Así que el algoritmo enterró las fotos de la boda de tu mejor amigo debajo de un video de cocina de alguien en Dubái a quien nunca has conocido. Y tú viste el video de cocina.
- Ese fue el primer reemplazo, amigos por desconocidos. Apenas lo notaste.
- El segundo ya está en marcha: si el algoritmo ya demostró que los desconocidos superan a tus relaciones reales, y la IA ahora puede crear un desconocido más atractivo que cualquier humano vivo, las cuentas se hacen solas.
- La IA no tiene una mala semana. No
publica algo descuidado y pierde el favor del algoritmo. No se agota.
Cada palabra, calibrada.
Cada imagen, ajustada.
Cada pausa colocada en el intervalo exacto que evita que tu dedo se deslice.
- Un creador humano compitiendo contra eso es como tallar tabletas de piedra en un mundo que acaba de inventar la imprenta.
- Una persona necesita pagar renta, dormir y motivación. La máquina necesita electricidad.
- Cuando el costo de generar contenido
perfecto llega a cero, el feed se llena de rostros que no existen. Voces que se
sienten familiares. Opiniones que reflejan las tuyas lo suficiente como para
generar confianza. Personalidades creadas desde cero para sentirse como alguien
a quien conoces desde hace años.
No sabrás cuándo ocurre el cambio. Ese es el punto.
- Al feed no le importa si lo que capta tu atención tiene pulso. Le importa si te quedas. Y una máquina que conoce tus patrones mejor que tú mismo siempre te retendrá más tiempo que cualquier persona.
- Esto no es una advertencia. La mitad ya ocurrió. Perdiste a tus amigos frente a desconocidos y no lo notaste. Perderás a los desconocidos frente a las máquinas y los llamarás “amigos”.
- En algún lugar, en otra app, en otra
pestaña, en la habitación en la que estás sentado ahora mismo, alguien que
realmente te conoce está viviendo un momento que nunca verás. No porque haya
dejado de compartirlo, sino porque dejaste de estar donde ocurría.
6 de abril de 2026
¿Por qué escribir?
Leía yo un
artículo del periodista español David San Juan, publicado en el diario digital El
Adelantado de Segovia, en el que se preguntaba por qué escribe la gente en
un mundo en el que cada vez se lee menos y las redes sociales han ocupado el
lugar de la literatura.
Buena
pregunta.
El autor
hace un repaso de las posibles motivaciones: habla de la pasión de escribir que
sienten algunos; para otros es por enamoramiento de las letras; también puede
deberse -y más en estos tiempos de exposición mediática- al placer que experimentan
ciertas personas por ver su nombre en la portada de un libro o en el encabezado
de un artículo. Asímismo, menciona la sensación de poder que da el saberse
conocedor o expositor de temas. De la emoción de contar. Y, sobre todo, del
anhelo para sobrevirse a sí mismo y trascender: para que otros nos lean.
Esto hizo
que me preguntara a mí mismo ¿por qué escribo ahora en este blog? En sus
inicios, fue por deber (tareas de la mestría), luego fue por el deseo de tener
algo que decir, por reivindicar una libertad de expresión. ¿Pero ahora? Sin
nuda no es por que me lean, pues a este lugar no se asoma nadie. ¿Cumplo yo con
alguno de los otros rubros mencionados por el periodista? Caigo a la cuenta de que no. Yo escribo
por una razón que San Juan no menciona: para no aburrirme.
Para estos
largos días de la jubilación, escribir es una herramienta poderosa para el
esparcimiento y combatir el aburrimiento. Escribir transforma la inactividad y la
falta de estímulos en creatividad, reduce el estrés, permite organizar los
pensamientos, brinda autoconocimiento… y, además, ayuda a pasar el rato.