Hojas de apuntes
Notas, reflexiones e ironías sobre educación y sociedad contemporánea
20 de febrero de 2026
19 de febrero de 2026
Reír en el siglo XXI
Hacer reír en estos tiempos es todo un reto para no
ofender a alguno de los que escuchan. Las sociedades cambian sus normas de
conductas y entre ellas se cuenta la manera de hacer humor.
Hacer un chiste o soltar una
ocurrencia en la época actual se ha vuelto complejo… y hasta peligroso. Ahora
la hipersensibilidad social (aka woke), la cultura de la cancelación y los
cambios culturales han modificado profundamente lo que se considera aceptable
para el humor.
Vivimos en una sociedad con
una conciencia muy quisquillosa sobre temas de injusticia, desigualdad y preferencias
personales. Temas que antes se trataban sin tanta preocupación (estereotipos, gustos
sexuales, condiciones físicas) ahora se ven con severidad, reduciendo el
espacio para el humor.
El humor actual se caracteriza
por ser sencillo (casi diríamos plano), efímero y altamente digital, tanto en
temáticas como en medios. Según Jonathan Morales, de la Sociedad
Psicoanalítica de México, el humor debiera atravesar prejuicios, criticar
creencias y combatir opiniones. Si no molesta, si te deja indiferente, no ha
cumplido su función. Eso en la teoría, pero en la práctica es algo muy distinto
de lo que piensan nuestros jóvenes, sobre todo en las rede sociales.
Hacer un chiste hoy es difícil
porque el humor transgrede normas sociales y culturales que están en constante
evolución, lo que puede resultar incómodo o interpretarse como una amenaza a la
autoimagen en algunas personas cuya situación personal las hace más conscientes
de los límites, que se han vuelto más suspicaces y estrictas. Además, la
diversidad de sensibilidades, el contexto cultural y la inmediatez de la
opinión pública generan un entorno de alta presión donde un chiste puede
malinterpretarse muy fácilmente.
¿Por qué es tan difícil hacer
un chiste actualmente? Las cosas que dan risa han cambiado en esta época porque
el humor es un fenómeno cultural y social que evoluciona junto con las normas, las
costumbres, la tecnología y las experiencias compartidas de cada generación. Lo
que causaba gracia hace algunos años a menudo dependía de contextos sociales
diferentes, mientras que el humor actual refleja la inmediatez, la ironía y las
sensibilidades sociales del mundo digital. Cada generación tiene experiencias
de vida distintas, lo que provoca cambios en la visión de lo que es cómico.
Mientras los adultos pueden preferir formas más clásicas de humor (relaciones
familiares, vida laboral, estereotipos), los jóvenes se ríen de situaciones
irónicas que reflejan su realidad tecnológica-social, procurando no tocar los
temas de cuestiones de género, raza, apariencia o preferencias personales.
Para hacer un chiste
actualmente sin que alguien se sienta ofendido (cosa harto difícil), más bien
hay que enfocarse en el humor observacional (vida diaria), situaciones
absurdas, juegos de palabras o la autocrítica (reírse de uno mismo siempre
tiene pegue). Evitar ironías (muchos no las entienden), estereotipos, críticas
a grupos específicos o temas sensibles (aquí cabe casi todo), y usar la
exageración para crear situaciones inofensivas que generen conexión y
empatía.
Sencillito, ¿verdad?
Tal vez la siguiente imagen ayude
a entender cómo se espera que sea la jerarquía del humor en los chistes y
puntadas que se cuentan en este s. XXI:
18 de febrero de 2026
17 de febrero de 2026
Tecnología y educación
Al
hablar del futuro de la educación, gran parte del discurso gira en torno a las
tecnologías de información (TIC) y, de unos años para acá, la inteligencia
artificial (IA). Aunque las TIC son una parte vital y de suma importancia, no son lo
más importante. Claro, es vital investigar y mantenerse actualizados para
integrar y aprovechar las nuevas tecnologías y conocer su impacto en el
estudiantado. Sin embargo, este no debería ser el punto central.
Si la discusión solo toma esto en cuenta, no está viendo el lado
humano en el aula: el docente y el estudiante. ¿Cómo funciona su cerebro al
aprender? ¿Cómo aprenden? ¿Cómo está su atención? ¿De qué manera pueden los
docentes asegurarse de que los estudiantes están aprendiendo?
El futuro de la educación se debe centrar en el desarrollo humano,
el bienestar, la salud mental, el sentido y el porqué de educar. Al
final del día, la educación es relación humana; el aprendizaje ocurre entre
personas que piensan, sienten, con contextos y necesidades diferentes. Hay que
poner la mirada en la mente que aprende y no solo en las herramientas que se
utilizan.
Claro, estas herramientas ofrecen oportunidades relevantes y se
tienen que discutir, pero es necesario darles mayor espacio a otras dimensiones
como la salud mental, las llamadas power skills (aka habilidades
blandas), el bienestar docente y el desarrollo cognitivo y socioemocional, por
mencionar algunas. Para mí, es alarmante que las instituciones y el profesorado
se estén preparando para un futuro de la educación sin pensar en cómo están
llegando esos estudiantes a las aulas. La realidad es que, hoy en día, los niños y jóvenes ya no imaginan y vienen con un desarrollo cognitivo afectado por las
pantallas. Y ni hablar de la atención, la falta de pensamiento crítico y de cómo
son incapaces de seguir instrucciones largas.
¿Qué se puede hacer para remediar esos efectos negativos de la
tecnología? ¿Cómo preparar a las y los docentes para enseñar a esas nuevas
generaciones? En el ámbito educativo, al hablar de tecnologías, la mayoría se
centra en “¿cómo puede ayudarme a mí?” y no “¿cómo puede ayudarme a potenciar
el aprendizaje de los estudiantes?”.
El futuro de la educación no puede reducirse a la tecnología.
16 de febrero de 2026
La educación como rehén
Notas y comenteios sobre el artículo La
educación, rehén de vaivenes políticos, de Alejo Sánchez Cano, publicado en
El Financiero el 16 de febrero de 2026.
13 de febrero de 2026
Saber estudiar
11 de febrero de 2026
Oversharing