En el reciente examen de
ingreso a nivel licenciatura de la UNAM miles de aspirantes cometieron algún
tipo de conducta irregular contraria a la convocatoria y a la más elemental
honestidad. El analista político Ciro Murayama comentaba en su nota de hoy en El
Financiero que la evidencia indica que 9 de cada 10 aspirantes
originalmente aceptados se valieron de ayudas indebidas para aprobar el examen.
En números redondos significa que 20 mil sustentantes pudieron incurrir en
algún tipo de práctica fraudulenta para poder ingresar a la universidad. Esta
cifra da vértigo… y es deprimente. Pinta de cuerpo entero a la sociedad que ya
somos.
En estos días la discusión
pública le ha pegado duro a la UNAM por los errores involucrados en esta
implantación, pero ¿quién se está haciendo cargo del descomunal ejemplo de
deshonestidad masiva que nos está mostrando?
Como sociedad es necesario
cuestionarnos en qué nos hemos equivocado para no solo normalizar (y hasta
justificar) la trampa y la mentira, sino incluso haberlas asimilado como
factores necesarios de nuestro comportamiento colectivo, comenta en su columna
de La Crónica el profesor Joaquín Narro.
Una de las nefastas
consecuencias que el avance tecnológico nos ha traído, continúa Narro, es la de
aprovechar el uso de la inteligencia artificial para realizar conductas que
nada tienen que ver con el comportamiento ético que tendría que regir a una
colectividad, en este caso, la de los jóvenes que aspiran a alcanzar un lugar
en la Universidad.
Lo más grave de todo esto es
encontrar en las redes sociales el testimonio de jóvenes afirmando que, si
hacer trampa les permitía alcanzar su sueño de ingresar a la UNAM, entonces
esta no solo se encontraba justificada, sino que incluso sería tonto no
aprovecharse de ello.
Lo alarmante de esto es la
demostración de que como sociedad hemos alcanzado una triste hondura en la que
la honestidad no solo carece de valor, sino que es sinónimo de ingenuidad y
torpeza. Ahora ensalzamos a los estafadores que aprovechan las zonas grises y
los recovecos de la tecnología para vulnerar la verdad y barrer la honradez.
¿Estos son los jóvenes que
queremos? ¿Es este el uso que esperamos de la tecnología? La sociedad no puede
fundar su existencia en el engaño como mecanismo para alcanzar el éxito por
encima de las aspiraciones e ideales que nos permiten ser y existir como
colectividad.
Referencias
Murayama, C. (2026, agosto).
El derecho de acceder a la UNAM. El Financiero.
Narro, J. (2026, agosto). La
inteligencia artificial y la sociedad por venir (II). La Crónica de Hoy.