Hojas de apuntes
Notas, reflexiones e ironías sobre educación y sociedad contemporánea
10 de julio de 2026
8 de julio de 2026
26 de mayo de 2026
Higgs y la producción científica
Peter Higgs (el del bosón) confesó
que hoy día no conseguiría (o no podría mantener) un puesto académico en alguna
universidad. Estaba describiendo la transformación silenciosa de la universidad
contemporánea: de un espacio para pensar a una máquina obsesionada con la
productividad y con medir esa productividad.
La ironía es brutal. El
hombre que ayudó a explicar por qué la materia tiene masa, uno de los planteamientos
intelectuales más importantes del último siglo, sospechaba que el sistema
actual lo habría considerado improductivo. El que fue uno de los físicos más
importantes del mundo publicó menos de diez artículos (10!!), evitaba el
espectáculo académico y desconfiaba profundamente de la hiperactividad
científica.
La ciencia moderna busca
originalidad, pero al mismo tiempo premia velocidad en publicar, volumen publicado
y visibilidad en editoriales y redes. El investigador contemporáneo no solo
debe pensar, debe hacerlo rápido, debe producir y su producción debe ser medida:
publicar constantemente, acumular citas de sus trabajos, gestionar redes, conseguir
financiamiento para las investigaciones, alimentar algoritmos institucionales, demostrar
impacto cuantificable de su trabajo y lograr que se mencione a su universidad,
todo esto en periodos cada vez más cortos.
El resultado: una ciencia
incapaz de tolerar el tiempo lento que requiere la maduración de las grandes
ideas. ¿Por qué? Porque los grandes avances rara vez aparecen bajo condiciones
de vigilancia permanente. El trabajo que condujo al bosón de Higgs necesitó
décadas de teoría física, de especulación, errores y espacios intelectuales sin
utilidad inmediata.
Hoy, no obstante, la
academia funciona cada vez más como un mercado financiero del conocimiento, que
privilegia lo que genera retornos rápidos y visibles (los que hemos hecho
investigación en el Tec lo sabemos muy bien). La curiosidad de saber compite
contra los indicadores de desempeño. Así, el investigador aprende que sobrevivir
puede ser más importante que arriesgarse intelectualmente.
Mientras la universidad
enfrenta dificultades de captación, recortes, precarización y presión por
resultados inmediatos, la pregunta ya no es si estamos produciendo más artículos
científicos que contribuyan al prestigio de la institución (claramente estamos
ante una hiperproducción); la pregunta es, más bien, ¿estamos construyendo un
entorno capaz de producir las grandes ideas que transforman nuestra comprensión
del mundo?
Parece que ya no...
21 de mayo de 2026
Los niños y el aula
Según David C. Geary (The Evolved Male in the
Modern Classroom, AAPSS, 716 (1), 2026) el sistema educativo actual está
diseñado de una forma que desfavorece sistemáticamente las fortalezas evolutivas
de los niños varones.
El autor explica, desde una perspectiva evolucionista, por
qué muchos niños y jóvenes tienen dificultades en la escuela. Según él, las
niñas suelen tener ventaja en lenguaje, lectura y escritura porque su sistema
cerebral para el lenguaje está más integrado y se desarrolla antes. En cambio,
los niños destacan en habilidades visoespaciales, razonamiento mecánico y
comprensión de cómo funcionan los objetos, capacidades que fueron muy útiles en
nuestro pasado evolutivo para la caza, la navegación y la construcción.
El problema principal es que el aula moderna (sentarse
quieto durante horas, prestar atención pasiva, hacer tareas sedentarias) encaja
mucho peor con la naturaleza de los niños que con la de las niñas. Los niños
son considerablemente más activos, necesitan moverse más y tienden a
organizarse en grupos competitivos. Esto genera un desajuste evolutivo que
explica por qué hay el doble de niños diagnosticados con TDAH y por qué mucho
tienen más problemas de atención y comportamiento en clase.
Además, las escuelas apenas evalúan o desarrollan las
fortalezas típicas de los niños en el área espacial y mecánica. Como
consecuencia, muchos niños con talento en estas áreas se sienten fuera de
lugar, pierden motivación y terminan abandonando los estudios o no
desarrollando su potencial.
Geary también señala que los hombres y mujeres tienen
intereses ocupacionales diferentes: las mujeres suelen preferir las profesiones
relacionadas con personas, mientras que los hombres prefieren profesiones
relacionadas con objetos. El sistema educativo actual no aprovecha estas
diferencias naturales.
El autor propone varias soluciones: mejorar la enseñanza
temprana de la lectura con mayor énfasis en la fonética y la decodificación,
ofrecer más material que interese a los niños (ciencia, ficción, aventuras, máquinas),
aumentar el tiempo de recreo y de actividad física; y en secundaria, recuperar
potenciales a través de talleres y la formación en oficios como carpintería,
mecánica o electricidad. También recomienda evaluar las capacidades
visoespaciales y mecánicas de los niños.
En resumen, el sistema educativo actual está diseñado de
una forma que desfavorece sistemáticamente las fortalezas evolutivas de los
niños varones. Geary argumenta que, en lugar de ver los problemas de los niños
como “trastornos” o simplemente como machismo cultural, debemos entenderlos
como un desajuste entre la psicología evolutiva masculina y las exigencias
de la escuela y economía modernas. Adaptar la educación a las fortalezas de los
niños sería muy beneficiosos para ellos, para la educación en general y para la
sociedad.