Una reflexión necesaria sobre el espacio universitario
El irresistible avance de lo "políticamente correcto" en un aula universitaria es una señal muy potente que nos advierte de la infantilización de la sociedad actual, que cree que el monstruo desaparecerá con solo cerrar los ojos.
Pero la maduración personal consiste justo en lo contrario, en descubrir que hay más opiniones que la de uno, mentes más listas que la de uno, que el mundo no es siempre bello ni bueno, en la toma de conciencia de que el mal existe, en llegar a encajar y manejar la contrariedad, la frustración, el sufrimiento. Y, por supuesto, en aprender a rebatir los criterios opuestos con argumentaciones, desde el diálogo.
La universidad es, por naturaleza, el espacio para la confrontación de ideas, de crítica, de debate y de análisis, y este espacio de libertad, muchas veces, conlleva que se realicen actividades que una parte de la propia comunidad universitaria y de la sociedad, en general, no comparten. Pero que deben conocerse y escucharse también.
Un estudiante universitario necesita tener la madurez emocional y la capacidad intelectual (y hasta el sentido del humor) para escuchar una opinión que se aparte de sus convicciones sin considerarla un insulto personal ni un ataque a su sensibilidad. Para que lo traten como fuerte porque ya es —o al menos debiera ser- una mente madura.
“Sin un discurso libre no hay verdadero pensamiento”. — Jordan Peterson.
Renunciar al libre discurso, al libre pensamiento, para evitar herir la sensibilidad de algunos es peor que estúpido: es peligroso, porque pone en cuestión los principios de la Libertad, así con mayúscula. Debemos ser respetuosos con todo el mundo, por supuesto. Pero también expresar con libertad nuestras ideas y argumentos. Si alguien se molesta, se rasga las vestiduras, es muy probable que esté mostrando su talante inmaduro, su carácter infantil, débil e intolerante. Los estudiantes que se ofenden por escuchar opiniones contrarias a la suya demuestran que no están preparados para venir a la universidad.
Los que han hecho avanzar al mundo son los críticos, los soñadores, los escépticos, los rebeldes, los que ofenden, los que rebaten, los que te dicen lo que necesitas oír… justamente los que hoy corren el riesgo de ser expulsados de su campus universitario por quienes no quieren confrontar ideas contrarias a la suya, sino que prefieren vivir a golpes de “Like”.
Ya lo advirtió George Orwell en su novela 1984: "La libertad es el derecho de decir a la gente aquello que no quiere oír".
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