22 de enero de 2026

Dislexia

La dislexia hizo de mi primer año de primaria una experiencia ingrata. Yo no podía distinguir una b de una d, una p de una q y las E siempre las confundía con un 3 y las ponía al revés. Por no poder hacer estas distinciones básicas de la lecto-escritura, en la clase yo era “el burro”. Mi cuaderno de escritura estaba lleno de taches rojos. La dislexia también afecta la capacidad de “hacer quebrados”, la lectura de cifras en voz alta y la memorización de secuencias de números. Esto último me afectó incluso en mi trabajo docente.

Las mentes con dislexia procesan la información de una manera diferente. A menudo llamada la “dificultad oculta”, la dislexia no muestra signos visibles y su expresión es muy variada. Si los docentes no están debidamente preparados, no siempre saben cómo reconocer estas condiciones.

Ni mis maestras ni mis padres identificaron esta situación; yo solo era “medio burro” para algunas cosas y para otras no, como las cuestiones visuales o manipulativas. Es algo que aprendes a manejar, a disimular, para sobrevivir en la primaria; los compañeros de la banca de al lado ayudan mucho.

La dislexia también permanece “oculta” porque aquellos que la experimentan evitan hablar sobre sus problemas de aprendizaje. Muchos comparten estrategias para mantenerse al día en el entorno escolar tradicional, pero pueden llegar a sufrir baja autoestima debido al esfuerzo que conlleva sobrevivir en un sistema educativo que no está diseñado para ellos.

Con el tiempo aprendí a manejarme en situaciones comprometedoras, pues la dislexia no se cura por ser una condición neurobiológica. La dislexia persiste, pero se puede sobrellevar y manejar eficazmente (a veces por esfuerzo propio y otras con ayuda profesional). Sus efectos se atenúan conforme uno se hace adulto. Yo llegué a ser ávido lector y también profesor de ingeniería mecánica. Mis alumnos se daban cuenta del asunto cuando yo leía cifras largas o ellos me dictaban una cantidad; era la excusa para chacotear un poco a expensas del profe.

A pesar de todos estos retos, muchos disléxicos son expertos en matemáticas de alto nivel y sobresalen en áreas como pensamiento crítico, creatividad y comunicación. Su expresión oral e inteligencia pueden ser excepcionales, logran llegar a ser líderes en sus campos profesionales e incluso empresarios muy exitosos.

Entre las personas con dislexia que han destacado se puede mencionar a Winston Churchill, Pau Picasso, Ernest Hemingway, el príncipe William de Gales, George Lucas, Quentin Tarentino, Richard Branson…

El éxito que muchos experimentan debido a su dislexia (y no a pesar de ella) es una clara señal de que nuestro sistema educativo requiere ir más allá del alumno estándar y adaptarse a este grupo particular de estudiantes, sino también precisa encontrar la forma en que estos dones prosperen, en el aula y fuera de ella. Cuando a una persona con dislexia se le apoya, puede llegar a lograr cosas sorprendentes.


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