lunes, 22 de febrero de 2010

Enriqueciendo los ambientes de aprendizaje con tecnología


Evolución de las TIC y sus efectos en las organizaciones
Los cambios evolutivos de la tecnología en general, y de las tecnologías de información y comunicación (TIC) en particular, modifican los ritmos tradicionales de la sociedad, dándole un mayor dinamismo e impulsando su desarrollo hacia delante de manera vertiginosa. A inicios del siglo XX la gente asimiló a su estilo de vida los teléfonos, el cinematógrafo, la radio, los automóviles, los aviones, los refrigeradores. Para finales del mismo siglo, la computadora, Internet, la telefonía celular, los transbordadores espaciales, los satélites artificiales, la música en MP3, los video-enlaces, los robots industriales fueron elementos tecnológicos de alto impacto en la sociedad, conocidos o de uso común y corriente por la mayoría de las personas.

Desde su nacimiento, a finales de la década de los años 50, las TIC se vislumbraron como la herramienta esencial para ayudar a la toma de decisiones y al mejor control de los directores de empresas y para que la gente a su cargo hiciera mejor su trabajo a un costo más bajo. Treinta años después la experiencia adquirida en su manejo permitía pronosticar nuevos y más ambiciosos horizontes: que los sistemas de información tendrían un impacto profundo en la manera de estructurar y dirigir las organizaciones, sus procesos administrativos y la capacitación de sus recursos humanos. Ello se cumplió casi al pie de la letra. Lo que en su momento pronosticaron algunos investigadores y desarrolladores de las TIC como Leavitt y Wisher en 1958, Appelgate et al. en 1988, Porter en 2001 y Friedman en 2005 (citados todos por Lozano, 2007, Pg. 109), llegó a cumplirse de manera razonable, dejando en claro que si sus predicciones para el futuro cercano fueron atinadas fue porque se hicieron de manera responsable, porque tomaron en cuenta a la tecnología que ya existía en su momento presente y porque en el corto y mediano plazos las necesidades y satisfacciones de las personas siguen siendo más o menos las mismas.

¿Qué podemos esperar para el mundo del mañana desde hoy, al iniciar el siglo XXI? Un uso más extendido –e intensivo- de una tecnología mayormente poderosa, barata, flexible y miniaturizada, que facilitará enormemente las capacidades de comunicación, de negociación, de administración y de ejecución tanto de los individuos como de las organizaciones en cualquier parte del mundo. Infinidad de productos o servicios podrán fabricarse a la medida de las necesidades de cada cliente sin que por ello se perjudiquen los sistemas de producción de las empresas, porque serán más flexibles.

En el campo de la educación es de esperarse que la tecnología provea una mayor diversidad de recursos, medios y formatos para el aprendizaje: aulas virtuales, salones con video-enlaces en tiempo real a cualquier parte del mundo, conexión a la red mundial, aprendizaje móvil en el gadgets como teléfono celular, iPhone, o iPod, alumnos de regiones remotas incorporándose al sistema educativo general, expertos o gurús impartiendo cátedra a alumnos en distintas ciudades del orbe, cursos especiales con calendarios y contenidos a la medida de cada alumno, grupos de trabajo remotos, etc.

El aprendizaje combinado: tecnologías y métodos educativos
El aprendizaje combinado hace referencia a los arreglos educativos que fusionan la instrucción presencial profesor-alumno con los soportes tecnológicos de software, Internet, Blackboard y demás prácticas de interacción y auto-aprendizaje vía computadora o algún gadget de aprendizaje móvil, con el fin de proveer de un aprendizaje significativo hecho a la medida del usuario.

De acuerdo a Margaret Driscoll (citada por López Rodríguez, 2007, Pg. 130) el aprendizaje combinado puede referirse a cuatro posibles combinaciones: a) la unión de diferentes formatos tecnológicos de la Web como foros, videos, blogs, etc; b) la mezcla de enfoques pedagógicos o andragógicos independientemente de que se use o no la tecnología, c) el enlazamiento de tecnología instruccional multimedia con instrucción cara a cara; y d) la fusión de tecnología instruccional con actividades concretas. Para poder implementarlas de manera exitosa a la práctica docente, primero hace falta comprender las fortalezas y debilidades de cada una y luego entender cómo trabajan los alumnos en cada caso, cómo usan la información y cómo manejan las distintas opciones de formato a distancia.

La combinación de recursos tecnológicos y técnicas didácticas dependerá, por supuesto, de los objetivos de aprendizaje, de las necesidades específicas de aprendizaje del estudiante, de los contenidos temáticos, de los recursos disponibles y del papel del profesor-instructor. Sin embargo, independientemente de la combinación que se escoja, es de señalar que para conseguir el éxito de un programa de aprendizaje combinado el factor presencial cara a cara es crítico no sólo para desarrollar confianza y mantener la comunicación, sino también para apoyar el entendimiento de los contenidos del curso y del manejo tecnológico.

Estilos de aprendizaje en ambientes educativos que utilizan tecnología
Así como las personas son distintas entre sí por fisiología, cultura, geografía, etc., también lo son las maneras en que ellas se concentran, procesan información, la almacenan, desarrollan habilidades o hábitos y aprenden e interpretan la variedad de estímulos provenientes del ambiente natural y social. En especial es de destacar el proceso de aprendizaje de nueva información académica, es decir, lo que se conoce como “estilos de aprendizaje”. Entre muchos otros, se reconocen cuatro modos de percepción sensorial que definen la predominancia del estilo de aprendizaje: visual, auditivo, kinestésico y lecto-escritor. Se trata de la teoría neuro-lingüística VARK (por sus siglas en inglés) propuesta por Fleming y Mills en 1992 y mencionada por López Rodríguez (2007, Cap. 6).

En el ámbito educativo las personas pueden preferir trabajar solas o en equipo, tener por anticipado la información de las actividades a realizar o trabajar sobre la marcha, estudiar en ambientes callados o con música estruendosa, cálidos o frescos, muy iluminados o con poca luz, con información visual o escrita. Y se ha observado que si se toman en cuenta las condiciones ambientales preferidas por el alumno, se incide de manera positiva en su desempeño escolar.

Las preferencias descritas anteriormente hacen referencia básica al trabajo presencial del profesor con el alumno. Sin embargo, las personas que estudian programas en línea también se ven afectadas por dichos factores aunque su influencia todavía no se ha estudiado completamente, debido quizá a lo novedoso que resultan estos ambientes. Las posibles combinaciones son muchas: visual-verbal, visual-espacial, auditivo-verbal, kinestésico-corporal, etc. Lo que sí resulta evidente es que la educación en línea amerita una serie de actividades más amplia para mantener el interés del estudiante, un conocimiento más profundo y un manejo más hábil de las características de los alumnos y profesores mejor capacitados en las prácticas instruccionales que vayan orientadas a satisfacer los estilos particulares de aprendizaje preferidos por el usuario. La identificación oportuna de estos estilos y su posterior medición efectiva permitirán desarrollar contenidos y condiciones que se podrán ajustar satisfactoriamente a la medida de cada público meta.

Las comunidades de prácticas de valor
Una de las formas como se podría ayudar a conjuntar de manera satisfactoria la tecnología y los métodos educativos con sus distintos estilos de aprendizaje es la de la creación de comunidades de prácticas de valor propuestas por López Falconi (2007, Pg. 27). Estas comunidades se organizan en roles similares de trabajo bajo un contexto común para la solución de un problema, lo que permite traspasar conocimiento tácito y explícito, reconocer y aprender las mejores prácticas, recoger la experiencia de los miembros y asegurar la alineación del valor del desempeño en el ambiente natural del grupo de trabajo y la institución que lo anida.

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Referencias

Lozano Rodríguez A. y Burgos Aguilar V. (2007) (Comp.) Tecnología educativa: en un modelo de educación a distancia centrado en la persona. México, Limusa, (Caps. 4, 5 y 6).

López Falconi, J. E. (2007). Identificación de propósitos, características y procesos que debe tener una comunidad de prácticas de valor para favorecer la administración del conocimiento generado en las oficinas de comunicación de una institución de educación superior; Tesis (Maestría en Ciencias de la información y administración del conocimiento) -- ITESM, Universidad Virtual.

martes, 2 de febrero de 2010

Perspectivas de la tecnología en la educación


La experiencia cotidiana en el devenir de la historia ha demostrado, entre otras muchas cosas, que los hombres ponen poca confianza en las innovaciones tecnológicas hasta que sus ventajas son más que obvias o hasta que no les queda otra opción. Innovar no es un proceso fácil y menos en el campo de las tecnologías educativas, pues éstas no han pasado todavía por el filtro de la experiencia sólida (Alanís González, M., 2010).

La adopción de una innovación puede describirse como un proceso de varias etapas en donde se requiere una fase de iniciación, en la que se realiza el descubrimiento y el análisis de conveniencia, y otra posterior de implementación a las necesidades del individuo o sistema educativo que la contempla. Al analizar la adopción de una innovación hay que tomar en cuenta los costos y los beneficios, directos (equipamiento e instalación), indirectos (capacitación o cambios de mentalidad) y ocultos (presión social, requisitos legales, inclinación personal, etc.), ya que el sólo hecho de percibir los beneficios directos como superiores a los costos no suele ser razón suficiente para adaptar una innovación.

Las innovaciones no se adoptan al mismo tiempo por todos, es más bien un proceso continuo en el que siempre hay grupos que las aceptan primero, otros que las siguen y unos más que nunca las usarán. Los pioneros de las innovaciones las buscan tanto por curiosidad como por el deseo de estar a la vanguardia o el gusto de mostrar oportunidades. A ellos les siguen los innovadores tempranos, quienes observan a los pioneros, prueban las nuevas tecnologías y ayudan a resaltar el valor de una innovación. Una vez que los innovadores tempranos han adoptado una tecnología, en breve tiempo los sigue la mayoría; en su etapa temprana conlleva un crecimiento acelerado de la demanda y de la capacidad de soporte para atenderla. En esta etapa se alcanza el nivel máximo de adopción. Posteriormente la innovación declina, pues al estar presente en la mayoría deja de ser algo innovador; en ese momento es adoptada por un grupo rezagado, que se ve forzado a ello por las circunstancias.

Por otro lado, la adopción de una innovación tecnológica exige considerar los medios de soporte necesarios para mantenerla en el tiempo. Su desarrollo se puede describir con las siguientes etapas: En sus inicios, la poca demanda exige más bien poco soporte tecnológico, pero muy personalizado y especializado. Conforme la demanda comienza a crecer, hay que absorber los riesgos de adquisición tecnológica brindando un mayor y más fácil soporte a un mayor número de usuarios, si bien éste termina siendo menos personal y más bien estándar. En la etapa de madurez en la adaptación y uso de la tecnología, el número de nuevos usuarios deja de crecer pues ahora todos tienen la tecnología con lo que llega el momento de seguir en el soporte técnico pero teniendo muy claro el cambio en la demanda, para no incrementar el gasto en un soporte que no será necesitado (Alanís González, M., 2010).

Un crecimiento saludable de una innovación tecnológica en una organización requiere de diferentes tipos de soporte en diferentes etapas de maduración cada uno y de una administración múltiple de innovaciones en distintas etapas de asimilación. Un buen administrador tecnológico necesita distinguir el apoyo que debe dar a cada innovación y actuar de acuerdo a las necesidades de la organización para cada momento tecnológico.

La adopción constante de nuevas tecnologías (en especial de la informática y la comunicación) y el buen manejo de éstas en los ambientes laborales y educativos es, hoy por hoy, una necesidad que refleja el hecho de que el ciudadano se encuentra inmerso en una sociedad del conocimiento, es decir una sociedad en la que se reconocen a los activos intangibles como elementos de valor por sí mismos y como generadores de otras formas físicas de valor.

Por ello, la conexión entre la sociedad del conocimiento y la educación requiere un proceso de aprendizaje permanente, mayor autonomía y descentralización de las escuelas, la inclusión de las diferencias sociales y la integración social, para preparar a las personas integralmente, como trabajadores y como ciudadanos del conocimiento para competir en una economía global.

A partir de lo que se establece en Lozano y Burgos (2007, Cap. 3), se identifican las características más relevantes de la ciudad del conocimiento, que se distinguen por desarrollar la interrelación del contexto social con la tecnología y el aprendizaje, enfatizando el uso de la tecnología en la construcción de la sociedad y del aprendizaje continuo de los ciudadanos. Pero para llevarlo a cabo con éxito, son necesarios una filosofía educativa humanista y un enfoque andragógico y constructivista.

Por otro lado, al hablar del uso de las tecnologías de información en la educación es necesario hacer mención del modelo educativo que permite aprovecharlas al máximo: el que se centra en el alumno. El modelo educativo centrado en el alumno se compone, según según se comenta en el Cap. 2 de Lozano y Burgos (2007, página 53), de círculos concéntricos que se superponen del centro hacia la periferia, lo que permite proporcionar una imagen holística de la educación y entender mejor sus interrelaciones.

En el círculo central se encuentran los estudiantes, quienes se asumen ahora como actores principales de la acción educativa y de su propia forma de aprender. En el segundo círculo están los profesores, quienes bajo una perspectiva constructivista guían a sus pupilos en su proceso de autoaprendizaje de acuerdo con sus necesidades particulares. El tercer círculo corresponde al contenido temático de la disciplina, que el profesor buscará que se aprenda tanto en habilidades básicas como específicas. El cuarto y el quinto círculos comprenden los contextos institucional y sociodemográfico, es decir, en ellos se describen de las características de la institución educativa así como de la sociedad en la que se encuentra inmersa. Finalmente el sexto círculo sirve de marco teórico de referencia para el hecho educativo, brindando el sustento filosófico de los objetivos que se pretenden alcanzar.

Si bien la visión del modelo educativo centrado en el alumno es clara, el cambio hacia este modelo no es sencillo ni siempre bienvenido entre profesores y alumnos; como en el caso de la adopción tecnológica mencionado más arriba, es una cuestión que requiere tiempo. Pero sus ventajas y beneficios se irán imponiendo poco a poco.


Referencias:

Alanís González, M. (2010). Gestión de la introducción de la innovación tecnológica en educación. En Burgos Aguilar, V. & A. Lozano Rodríguez (Comp.). Tecnología educativa y redes de aprendizaje de colaboración. Distrito Federal, México: Trillas.

Lozano Rodríguez, A. & Burgos Aguilar, V. (2007) (Comp.). Tecnología educativa: en un modelo de educación a distancia centrado en la persona. Distrito Federal, México: Limusa.