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4 de febrero de 2026

Leer el periódico

 

Imagen: Freepik


Mencionaba yo en un posteo anterior (Vertiginosidad y lastre) que soy del tipo que creció y se formó en el mundo analógico. Por ello no es sorprendente que me guste leer el periódico en formato impreso. No hay nada mejor para acompañar el café de la mañana que la pausada lectura del diario.

A estas alturas del s. XXI, los periódicos clásicos, los impresos en papel, están en franca desaparición; uno ya solo se los topa en la sección de revistas de los Sanborns, pero como estas tiendas también están en vías de extinción del paisaje urbano, a los diarios impresos ya no les quedará ningún refugio (los kioskos de periódicos murieron primero, hace al menos diez años, y en los Oxxo tampoco se venden ya).

Ahora, las pocas personas que leen un diario lo hacen en una computadora, una tableta o un teléfono, es decir, se acercan a la lectura de noticias desde Internet, donde la competencia en este campo es feroz.

Los que hemos madurado leyendo periódicos hemos sido privilegiados, dice J.R. Chaves (En defensa de leer el periódico impreso). En aquellos tiempos, el diario impreso era una puerta abierta a la información y a la formación. Imprescindible para estar al día y sobre todo, su lectura proporcionaba un inmenso placer sin prisas los domingos por la mañana. Un ritual impagable.

Como dijo Gómez-Barata: los periódicos eran como el pan que está en todas las mesas, baratos y asequibles, y eran consumidos con igual placer por pobres y ricos, por lerdos y listos, por gente de ciudad y del campo, por intelectuales, científicos u ociosos; incluso por analfabetas, que miraban las fotos y con ello se quedaban muy conformes.

Hoy día, continúa Chaves, Internet es como una jungla caótica, mientras que los periódicos impresos son como un zoo ordenado de noticias por especies y listas para su examen por los visitantes. Uno encuentra fácilmente la sección que le interesa leer primero (nacionales, editoriales, deportes o historietas).

Poder leer las noticias en formato papel es un regalo de la civilización: es un reto de agudeza intelectual. La información que suministra debe ser rumiada antes de digerirla. En efecto, debemos recordar que los titulares hay que tenerlos “en libertad vigilada”. Es conocido el cínico lema de las facultades de periodismo: “No dejes que la verdad te estropee un buen titular”.

Comenta Chaves: es maravilloso el señorío del lector sobre su periódico: lo lee de atrás para adelante o al revés, o salteado. Se lee la letra pequeña, el titular o ambos. Se detiene en las esquelas, en lo internacional o en la agenda de la iglesia. Y por si fuera poco, uno puede discrepar sin que el periódico replique. ¿Hay mayor libertad?

El periódico ya leído es polivalente: para envolver, dibujar, secar superficies, avivar brasas de fuego, proteger superficies, etc. Incluso es reciclable, lo que la naturaleza agradece.

¿Y qué decir de la lealtad del periódico, como un perro fiel?, que puede estar a nuestro lado en el sofá, o en la cama, o esperarnos en el vehículo. Sin rechistar, siempre disponible.

A diferencia de un archivo digital, el papel ofrece una experiencia física (textura, olor, peso) que crea una conexión emocional más fuerte con el lector y hace que la información o el anuncio sean más memorables.

Los periódicos impresos siguen ofreciendo ventajas únicas que los formatos digitales no han podido replicar por completo, como:

Hace que las revistas sean más accesibles para quienes no tienen una conexión regular a internet o tienen dificultades para leer en una pantalla, especialmente en la de un teléfono.

Además, las revistas y los periódicos impresos no dependen de algoritmos ni de la conexión a internet. Su vida útil es mayor porque se pueden recopilar, consultar repetidamente o prestar, lo que naturalmente amplía su alcance.

Por último, desde la perspectiva de la retención de información, algunos estudios neurocientíficos demuestran que leer en papel promueve una mayor concentración, facilitando el procesamiento de datos y la memorización verbalizada en comparación con las pantallas.

Gran cosa, el periódico. Y gran placer leerlo y rumiarlo. Nos hace ser más grandes.

 


4 de marzo de 2013

Les chevaux de Saint-Marc

Empecé el año terminando de leer esta novela histórica de Jean Diwo:




Con una lectura ágil y entretenida, muy en el estilo de Diwo, se lleva al lector a recorrer la epopeya de la cuarta cruzada vista desde los ojos del personaje principal de Guillaume d'Amiens.

Describe con riqueza los detalles de la vida medieval, tanto en Europa como en el imperio bizantino. No obstante, se siente cierta parcialidad -por no decir omisión- en la manera de contar este evento histórico famoso por su crueldad al momento de la toma de Constantinopla y que el autor maneja como con pinzas y muy "de lado" por así decirlo.

Pero no deja de ser una lectura interesante.

De este mismo autor recomiendo mucho más Les violons du roi.

Foto: Amazon.fr

14 de enero de 2013

Leer

Empecemos el semestre con este breve escrito de Juan Carlos Moya, un bloguero que leí hace muchos años y cuyo texto hoy reproduzco como una especie de declaración de fe en la lectura en este mundo de wikipedias y anexas:

"Leer,

Voy a leer hasta que me quede ciego, lo juro. Estoy absolutamente seguro de eso. Ya llevo encima unos lentes de fondo de botella. Y lo único cierto en mi vida, aparte de las escapadas al cine, es la lectura. No hay nada más en el horizonte aparte del horizonte. Leer es un viaje, un desplazamiento, una fuga.

Uno no lee porque el profesor le diga que lea. Uno lee porque le da la gana.

Yo leo porque quiero borrarme del mapa, de la realidad odiosa que me tocó vivir, leo porque soy débil y no soporto estar consciente. Cosa curiosa, cuando tengo un libro en mis manos, veo con más optimismo la vida. Soy una bestia mucho más tierna y menos cínica. Confío en la justicia y hasta me apena decirlo anhelo enamorarme como un zonzo de una niña de cabello rubio y ojos de pajarita con sueño.

Es que leer no me ha cambiado la vida en este país, pero sí me ha hecho olvidarla y vestir mi corazón con diferentes banderas: la argentina, la estadunidense, la española, la italiana, ¡la uruguaya! ¡Qué bien me llevo con los tipos que saltan de las hojas de los textos! Ni ellos me molestan ni yo los juzgo.

Mi círculo social, gracias a la bendita literatura, ha crecido y ya me siento menos solo cuando llega mi cumpleaños.

"Nunca he asumido la lectura por aburrimiento o para matar el tiempo", dice Marguerite Duras, quien se dedicaba a ella por las noches, con whisky y en absoluto silencio. El director de cine Robert Altman, por ejemplo, no descuida llevar una novela cuando aborda un avión.

A Katy, una ex amante de mi juventud, infiel y flaca, le daba por hojear una obra mientras almorzábamos. Sobre la mesa tenía un plato con carne de cordero y al lado una novela del Marqués de Sade.

Conocí hace tiempo a un nerd que había consumido más de mil libros y siempre, pero siempre, cuando te cruzabas en su camino, a cualquier hora, te interrogaba a ver si habías revisado la misma cantidad que él. "¿Has leído el libro...?", te arrinconaba en ayunas. Y contestabas, "no". Y él te respondía: "Yo sí".

Como hay diversas lecturas también hay diversos lectores, cada uno posee su fin y su sin sentido. JC Onetti leía a Chandler, acostado. David Lynch lee cobijado por el silencio/misterio de un bosque.

Algunas señoras tienen una novela sobre la mesita de noche, y con ella se procuran el sueño o también sobrellevan la espera a que su marido regrese, o sus ronquidos nocturnos.

Mientras leemos, nuestros músculos están relajados y no trabajan. La única activa es nuestra imaginación. Ella, en perfecto matrimonio con las palabras, va levantando escenas y locaciones, dispone la luz o las sombras, la violencia o la pesadumbre.

¡Dios salve y bendiga a los queridos escritores!… y proteja la vista infatigable de los lectores.

Cada vez que leemos los frutos de veneno y miel de los escribas, damos un paseo por el jardín de las vidas imposibles. Renacemos, multiplicamos nuestra experiencia con las desventuras/conquistas de cada personaje vegetal.

Leer es la consagración de la soledad y el silencio, un homenaje a la palabra, a la sangre/tinta humana, al testimonio escrito de la vida."

Juan Carlos Moya