23 de enero de 2026

El rendimiento de los hobbies

 

Los hobbies han dejado de ser un espacio de relajación para convertirse en una actividad cuantificable, visible y cada vez más consumista.

Lo que antes era un refugio íntimo hoy, sobre todo entre generaciones más jóvenes y personas inmersas en redes sociales, se mide en números, se exhibe en ellas y se optimiza para cumplir metas externas.

Leer, cocinar, pintar, tejer, escribir o incluso caminar ya no basta con disfrutarlas: ahora muchos documentan y monetizan este tipo de actividades. En este proceso, los hobbies, incluida la lectura, corren el riesgo de perder su función principal de ofrecer un espacio sin exigencias, sin métricas y sin espectadores.

Esta performatividad desplaza el sentido original de la lectura y refuerza la idea de que en lugar de leer para comprender o sentir, se lee para demostrar que se está leyendo y presumirlo en las redes. Lo mismo ocurre con otros pasatiempos.

|  No convertir el ocio en currículum.


Cocinar ya no es preparar platillos, es reproducir recetas virales con utensilios específicos y perfectos. Colorear ya no es simplemente rellenar espacios de una imagen con colores; es comprar materiales “imprescindibles” recomendados por influencers, donde contar con ciertas marcas de marcadores o colores, libros de moda y colorear a la perfección es ahora la normalidad. Incluso el ejercicio, el journaling (la práctica de escribir de manera regular pensamientos, emociones o reflexiones personales) o la jardinería se han convertido en mercados saturados de productos y de contenido optimizado. El texto From Passion to Price Tags describe cómo los influencers transforman hobbies en listas de compras, desplazando la experiencia por adquisición. Antes de disfrutar, hay que consumir.

Diversos estudios coinciden en que los pasatiempos cumplen una función clave para la salud mental y emocional cuando se practican sin la presión de rendimiento ni de objetivos productivos. Investigaciones recientes señalan que involucrarse regularmente en actividades recreativas, como leer, pintar, cocinar, tocar un instrumento o practicar algún deporte por placer, se asocia con menores niveles de estrés, ansiedad y síntomas depresivos, así como con una mayor sensación de bienestar general. Incluso los pasatiempos sencillos pueden contribuir a una mejor regulación emocional y a una mayor flexibilidad cognitiva, al ofrecer espacios de pausa y disfrute que contrastan con las demandas constantes de la vida cotidiana. Los pasatiempos funcionan como factores protectores frente al agotamiento mental, al permitir que el cerebro se desconecte de tareas orientadas a resultados y se involucre en actividades intrínsecamente gratificantes.

Los pasatiempos no son un lujo ni una pérdida de tiempo, sino una necesidad psicológica fundamental, cuyo valor se diluye cuando se transforman en tareas medibles, consumibles o sujetas a comparación constante. 

 

Paulette Delgado, Cuando los ‘hobbies’ dejan de ser refugio y se convierten en rendimiento, publicado en enero de 2026 en el diario digital Edu News, Observatorio del IFE del Tecnológico de Monterrey.


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