Hacer reír en estos tiempos es todo un reto para no
ofender a alguno de los que escuchan. Las sociedades cambian sus normas de
conductas y entre ellas se cuenta la manera de hacer humor.
Hacer un chiste o soltar una
ocurrencia en la época actual se ha vuelto complejo… y hasta peligroso. Ahora
la hipersensibilidad social (aka woke), la cultura de la cancelación y los
cambios culturales han modificado profundamente lo que se considera aceptable
para el humor.
Vivimos en una sociedad con
una conciencia muy quisquillosa sobre temas de injusticia, desigualdad y preferencias
personales. Temas que antes se trataban sin tanta preocupación (estereotipos, gustos
sexuales, condiciones físicas) ahora se ven con severidad, reduciendo el
espacio para el humor.
El humor actual se caracteriza
por ser sencillo (casi diríamos plano), efímero y altamente digital, tanto en
temáticas como en medios. Según Jonathan Morales, de la Sociedad
Psicoanalítica de México, el humor debiera atravesar prejuicios, criticar
creencias y combatir opiniones. Si no molesta, si te deja indiferente, no ha
cumplido su función. Eso en la teoría, pero en la práctica es algo muy distinto
de lo que piensan nuestros jóvenes, sobre todo en las rede sociales.
Hacer un chiste hoy es difícil
porque el humor transgrede normas sociales y culturales que están en constante
evolución, lo que puede resultar incómodo o interpretarse como una amenaza a la
autoimagen en algunas personas cuya situación personal las hace más conscientes
de los límites, que se han vuelto más suspicaces y estrictas. Además, la
diversidad de sensibilidades, el contexto cultural y la inmediatez de la
opinión pública generan un entorno de alta presión donde un chiste puede
malinterpretarse muy fácilmente.
¿Por qué es tan difícil hacer
un chiste actualmente? Las cosas que dan risa han cambiado en esta época porque
el humor es un fenómeno cultural y social que evoluciona junto con las normas, las
costumbres, la tecnología y las experiencias compartidas de cada generación. Lo
que causaba gracia hace algunos años a menudo dependía de contextos sociales
diferentes, mientras que el humor actual refleja la inmediatez, la ironía y las
sensibilidades sociales del mundo digital. Cada generación tiene experiencias
de vida distintas, lo que provoca cambios en la visión de lo que es cómico.
Mientras los adultos pueden preferir formas más clásicas de humor (relaciones
familiares, vida laboral, estereotipos), los jóvenes se ríen de situaciones
irónicas que reflejan su realidad tecnológica-social, procurando no tocar los
temas de cuestiones de género, raza, apariencia o preferencias personales.
Para hacer un chiste
actualmente sin que alguien se sienta ofendido (cosa harto difícil), más bien
hay que enfocarse en el humor observacional (vida diaria), situaciones
absurdas, juegos de palabras o la autocrítica (reírse de uno mismo siempre
tiene pegue). Evitar ironías (muchos no las entienden), estereotipos, críticas
a grupos específicos o temas sensibles (aquí cabe casi todo), y usar la
exageración para crear situaciones inofensivas que generen conexión y
empatía.
Sencillito, ¿verdad?
Tal vez la siguiente imagen ayude
a entender cómo se espera que sea la jerarquía del humor en los chistes y
puntadas que se cuentan en este s. XXI:
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