Empezamos el año con un muy divertido
artículo de José Saturnino Martínez, publicado el día de Reyes en El Diario
de la Educación, llamado “La meritocracia de los Reyes Magos” (cuyo título rescato para esta nota en mi blog), en el que
emula los reportajes satíricos de Philomena Cunk, la “reportera de
investigación” que interpreta la actriz británica Diane Morgan. Su punto de partida
se basa en dos hipótesis:
H1: Lo niños buenos, es decir,
los que se portaron bien en el año, reciben regalos de Papá Noel, Santaclós,
San Nicolás o los Reyes Magos (el que se prefiera según la cultura).
H2: La cantidad y calidad de
los regalos son función del comportamiento de los niños, es decir, a mejor comportamiento
mejores son los regalos.
La evidencia empírica mundial “sugiere
que los niños ricos tienden a comportarse mejor que los niños pobres, pues
reciben más y mejores regalos”. Al aplicar un estudio similar en España, el
autor encuentra que hay “una asociación estadística robusta entre ingreso y buen
comportamiento infantil”, lo que sugiere que los niños ricos son mejor portados
que los niños pobres porque reciben más y mejores regalos,
Se concluye que los niños
pobres tienen que hacer más méritos para alcanzar un mejor nivel de obsequios.
Con esto, el autor expresa de
forma satírica dos críticas importantes al sistema académico actual: a la
metodología de investigación (correlación no implica causalidad) y al dominio
de la meritocracia, que se ha convertido en un lastre que, según la investigadora educativa Irma Villalpando, deja de lado las
condiciones contextuales, socioeconómicas y de capital cultural.
El artículo no recibió
comentarios en el diario digital en que se publicó, pero su difusión en
Ex-Twitter causó risas y también indignación y protestas de quienes lo leyeron
literalmente, como resultado de “una investigación seria” (que por supuesto
nadie se tomó la molesta de verificar) y que no saben distinguir la sátira de
un comentario real.
Esto ocurre cada vez más en el
Internet actual.
La incapacidad actual de la
gente para distinguir la sátira o la ironía de un comentario real se debe a una
combinación de factores psicológicos, el funcionamiento actual de las redes
sociales y un entorno de información altamente polarizado. La sátira utiliza la
ironía, la exageración y la burla para criticar algún comportamiento no
deseable, pero en la era digital estos matices suelen perderse para la mayoría.
¿Por qué?
Porque las personas tienden a
aceptar más fácilmente las noticias falsas o exageradas si coinciden con sus
propias creencias políticas o sociales (sesgo de confirmación). Cuando la sátira
ataca a las creencias no compartidas, es más probable que la gente la tome como
un comentario real y verídico, sin cuestionar su veracidad.
Porque en las redes sociales (en
especial Ex-Twitter, Instagram y TikTok) el contenido se consume rápidamente y
a menudo fuera de contexto. Un titular satírico desvinculado de la publicación
original puede parecer una noticia real, provocando reacciones inmediatas sin
una lectura crítica. Hay poca inclinación al análisis crítico de lo que se lee antes
de reaccionar a ese contenido, compartiéndolo o atacándolo. La sátira requiere
reflexión para entender el trasfondo, mientras que la respuesta rápida es
emocional. Pero en el Internet actual la realidad a menudo supera a la ficción,
lo que hace que los comentarios irónicos, satíricos o de parodia parezcan
plausibles.
Porque, a diferencia de una
conversación cara a cara, donde el tono de voz y el lenguaje corporal indican
ironía, en el texto escrito es más fácil malinterpretar la intención. Si el
receptor tiene pobres habilidades lectoras o no conoce el estilo del autor, la
sátira puede parecer un comentario serio.
La sátira busca ridiculizar
para hacer reflexionar, pero cuando el entorno es hostil y la información se
consume de manera superficial, se convierte fácilmente en desinformación.
Por ello, necesitamos más
ironía en la vida, en nuestras vidas, porque la sátira y la ironía funcionan como
una herramienta cognitiva y emocional necesaria para navegar la complejidad,
las contradicciones y el estrés del mundo moderno. La sátira que utiliza el
humor, la ironía y la exageración —expresando lo contrario de lo que se quiere
decir o resaltando la discrepancia entre lo esperado y lo real— nos ayuda a
suavizar la realidad, promoviendo la agilidad mental y la inteligencia
emocional.
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