12 de diciembre de 2025

Centennials trabajando


La Generación Z ya entró a la fuerza laboral. ¿Cómo la ven sus empleadores? 

Aquí comparto algunas características que encontré en diversos sitios de empleo (como LinkedIn y Great Places to Work) y blogs de recursos humanos (BhiPro, Deloitte, 3HR):

Sin competencias digitales laborales. Han crecido en un mundo hiperconectado y están familiarizados con la tecnología… pero para su entretenimiento, no para usarla de manera provechosa en el trabajo. Todos esperan trabajar con herramientas y tecnologías innovadoras, aunque en ocasiones solo necesitan saber bien cómo emplear Excel; son capaces de adaptarse rápidamente a los cambios tecnológicos.

Valoran la diversidad y la inclusión. Aprecian la diversidad e inclusión y esperan trabajar en un ambiente inclusivo y respetuoso; ser tratados con igualdad y respeto, independientemente de su género, raza, religión u orientación sexual.

Transparencia y Comunicación. Necesitan información clara, concisa, precisa y constante para generar confianza y claridad en sus roles. Buscan que su trabajo tenga un sentido trascendente en la empresa.

Estabilidad laboral. Tienden a ser más realistas que los millennials sobre la estabilidad laboral y pueden preferir empezar en PYMES para adquirir experiencia; buscan empresas con compromiso social y/o ambiental que ofrezcan estabilidad financiera y laboral. Un centennial es leal a una marca o una empresa cuando ésta se compromete con sus valores.

Son emprendedores. Buscan oportunidades para desarrollar sus propios negocios. Esperan trabajar en empresas que fomenten la creatividad y el pensamiento innovador y que les brinden la libertad para emprender sus propias ideas.

Quieren aprender y crecer. Son ávidos aprendices y buscan oportunidades para crecer y desarrollar sus habilidades; esperan una retroalimentación constante sobre su desempeño y buscan oportunidades de crecimiento y desarrollo en su trabajo.

Priorizan el equilibrio trabajo-vida. Valoran el equilibrio trabajo-vida y esperan la flexibilidad laboral. Buscan la posibilidad de trabajar de manera remota y valoran su tiempo libre y la calidad de vida.


¿Están preparados los empleadores para la llegada de los centennials?

De acuerdo a Erika Villavicencio, psicóloga de recursos humanos de la UNAM (Gaceta UNAM, 2023), la Generación Z ha creado tensiones en el ambiente laboral de las empresas:

·     Vienen mejor preparados que la generación anterior porque tienen acceso a muchos elementos de aprendizaje a través del internet. Este cambio ha obligado a las empresas a migrar sus programas de desarrollo a nuevas plataformas.

·      Su deseo de avance constante y progresivo en los puestos y las empresas no corresponde necesariamente a la realidad del mercado laboral.

·      Esperan una recompensa inmediata por todo lo que sea considerado un buen desempeño (su estrellita en la frente) lo que les resta habilidad de negociación para los beneficios y las posiciones laborales.

·       La realidad digital en la que viven inmersos, y de la que han generado dependencia, es muy diferente de la que encuentran en su realidad laboral, lo que les genera ansiedad y frustración.

·      Quieren ser vistos en el trabajo de acuerdo a los estándares que manejan de belleza, imagen y estatus, dado que han crecido dependiendo de la aceptación que tengan en redes sociales, de los likes y de los seguidores.

·      Es una generación con índices de depresión considerables que ha aprendido a normalizar el estrés. Tienen bajas habilidades sociales, prefieren mandar mensajes escritos a hablar con las personas.

Hay muchos retos que atender en este aspecto, empezando por gestionar sus expectativas de recompensa inmediata y su posible baja tolerancia a la frustración. También hay que trabajar en el fomento de sus habilidades sociales y emocionales, ya que es común que prefieran la comunicación digital sobre la presencial. Para ellos hay que diseñar trayectorias que se ajusten a sus metas individuales y les permitan explorar diferentes áreas.


¿Y cuáles son los aportes de la Generación Z a la vida laboral?

Los centennials brindan una serie de beneficios estratégicos a las empresas, destacando su naturalidad tecnológica, su enfoque en la innovación social y su capacidad de aprendizaje autónomo. Se estima que esta generación constituirá ya el 27% de la fuerza laboral global al cierre del año 2025 (CEREM Global Business School). Se pueden señalar:

ü Potencian la transformación tecnológica que incorporaron sus antecesores (los millennials).

ü  Ponen mucho énfasis en la cultura y valores de la empresa.

ü Incorporan una nueva interpretación sobre cómo se hacen el trabajo y los negocios (divirtiéndose, viajando).

ü Para ellos el trabajo es juego y no una obligación. De hecho, buscarán familiarizar los vínculos laborales.

ü  Ellos van por el crear y no por el creer, van por la liquidez y no por los bienes.

ü La experiencia es importante, pero el desarrollo profesional no se queda allí y enfocarán sus vivencias en el logro de objetivos.

ü En su visión del mundo tienen incorporada una perspectiva de negocios que los define naturalmente y es muy provechosa para las empresas familiares.

ü  Las competencias blandas más valoradas son parte de su personalidad.

ü En un mundo postpandémico, los centennials se sienten cómodos con el teletrabajo y la flexibilidad que están incorporando las empresas.


¿Cómo se benefician las empresas de todo esto?

Revitalización. Renuevan procesos y conocimientos con nuevas perspectivas. Aunque esto no siempre es fácil al interior de la empresa.

Mayor productividad. Su enfoque en resultados y su gusto por la operación tecnológica elevan la productividad.

Mejor cultura organizacional. Fomentan ambientes de comunicación abierta, diversidad y colaboración.

Agilidad. Su adaptabilidad al cambio los hace ideales para entornos dinámicos y para la adopción de nuevas tecnologías y modelos de trabajo.

Efectividad de equipos virtuales. La capacidad para trabajar de manera remota y en equipos globales es clave en el contexto laboral actual, lo que aporta flexibilidad operativa.


La Generación Z es una fuerza laboral dinámica y diversa que le está dando una nueva forma al trabajo. Su presencia en las empresas ayuda a construir un personal sólido y comprometido que se adecua a los cambios constantes del mercado. Según algunos líderes de RRHH, los centennials están listos para prosperar y liderar en el mundo laboral.

 

10 de diciembre de 2025

Presencia del docente en la web

 

Leía yo la nota de ayer de Jorge Sáinz en el diario español El Debate sobre la preocupación de algunos profesores e investigadores a propósito de cómo la cultura de la cancelación de las redes sociales se ha extendido al trabajo docente y a las aulas, y cómo ahora este lugar ha perdido su tradición de foro de discusión de las ideas para convertirse en centro de corrección política y, en caso de fallo, de escarnio público por parte de alumnos, colegas y en ocasiones, hasta de la misma institución donde se labora.

La expansión de una corrección política convertida en mecanismo de vigilancia, donde cualquier matiz, cualquier duda y cualquier dato que no encaje en la ortodoxia del momento puede acabar en linchamiento, cancelación o silenciamiento preventivo.

Las universidades no son ajenas a este fenómeno; le piden a sus docentes e investigadores que tengan presencia en la web, publicando en redes educativas (como Academia o Research Gate), en los perfiles profesionales de Google Academics o LinkedIn o en las redes sociales más vistas. Pero hay que ser muy cuidadoso con lo que se publica ahí, pues emitir una crítica, una opinión polémica o ambigua sobre temas peliagudos, aunque sean del trabajo de investigación, se penaliza severamente por la audiencia, a menudo exacerbada por la polarización, la desinformación o el discurso políticamente correcto.

Esto lo sé porque también me tocó vivirlo en la institución donde trabajaba. Había que mantener actualizado el perfil de investigador de Google, el ORCID, el perfil en el sitio del grupo de investigación y en las redes académicas. Y antes de eso, cierto director de la escuela de ingeniería le pidió a los profesores que, además de sus cuentas personales, abrieran otra en la que publicaran su quehacer institucional (afortunadamente la iniciativa no cuajó). 

A más de la enorme presión que ya recibe el docente por publicar en los journals de prestigio (que sean Scopus Q1 y Q2), también existe el apremio por ayudar a la universidad “a hacer presencia en las redes”; aunque el alcance individual en ocasiones sea reducido y la conversación inexistente; hay que estar allí por necesidad institucional a sabiendas de que ejercer el pensamiento crítico puede traer problemas… y no publicar, también.

Esta cultura del señalamiento no solo desgasta. Empobrece. Un académico que no puede dudar ni explorar ideas en construcción es un académico mutilado. Y una universidad que fomenta esa autocensura reduce su misión a la de un centro escolar ampliado.

Es en este contexto que están resurgiendo las newsletter, las páginas personales, los blogs y la participación en redes sociales más libres, como Discord, en un intento por reducir la exposición moral, rescatar las identidades y regresar, en lo posible, al auténtico debate de las ideas.

 

Fuente: Sáinz, J. (2025, diciembre). Miedo a pensar en la universidad. El Debate.

 

8 de diciembre de 2025

El declive en la lectura

Lo que notamos los profesores universitarios que damos clases en los primeros semestres (no solo en los EEUU):




El declive en el hábito de lectura está afectando el aprendizaje en la universidad. Los estudiantes que ahora leen menos tienen muchas dificultades para entender y analizar información; la falta del lectura limita la comprensión de la información, el entendimiento de preguntas e instrucciones, el pensamiento crítico y la capacidad de análisis.

Leer menos implica un desarrollo reducido de la capacidad de análisis y la reflexión. Expertos como el neurocientífico Michel Desmurget señalan que el uso excesivo de pantallas y la inmediatez digital están relegando la lectura a un segundo plano, lo que afecta funciones cerebrales como la memoria y la concentración, con consecuencias desastrosas en el desarrollo académico de la persona.

La carencia de un hábito lector sólido se vincula directamente con el bajo rendimiento escolar y mayores tasas de fracaso o abandono escolar. Los estudiantes presentan dificultades para procesar textos largos o complejos, esenciales para el aprendizaje de materias académicas.

Informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) muestran descensos históricos en las puntuaciones de lectura y matemáticas: en el año 2022 México se situó en el lugar 35 de 37 países. Menos de la mitad de los estudiantes logró competencias básicas de lectura y el 64% no pudo captar la idea central de un texto, una tarea básica de comprensión lectora. México experimentó una caída del 12% en sus puntajes de lectura respecto a 2018 (y del 24% respecto a 2009), revirtiendo tendencias previas de mejora.

Entre las causas identificadas se encuentran la competencia con los medios digitales, el escaso acompañamiento familiar, métodos de enseñanza que no priorizan la lectura y la falta de motivación general, empezando por los profesores.

Existe la necesidad de una intervención integral, que involucre a familias y escuelas, para fomentar la lectura como una práctica cultural y no solo una obligación académica, promoviendo el formato físico y actividades que estimulen el interés desde edades tempranas.

Fuentes: 

Jack, A. (2025, dociembre). Decline in reading is inhibiting learning, academics warn, Financial Times.

IMCO (2022). Resultados PISA 2022. Instituto Mexicano de Políticas Públicas.


4 de diciembre de 2025

Centennials sin competencias digitales


Coincido con la apreciación del profesor García Ull, de la Universidad Europea de Valencia, recientemente publicada en México en el diario El Economista: los jóvenes nacidos en los entornos digitales del siglo XXI (conocidos generacionalmente como los centennials) no tienen buenas competencias digitales. Casi todos ellos han crecido rodeados de tecnología, pero eso no garantiza que posean las habilidades digitales necesarias para un uso efectivo (ya no digamos crítico). Me consta, porque me ha tocado dar clases en los primeros semestres de ingeniería.

Tales competencias no son innatas a estas generaciones, como asume de manera errónea la mayoría de la gente que sigue tragándose entero el mito del “nativo digital”. En especial los progenitores de estas criaturas, a quienes desde los 2 años les dieron un dispositivo móvil para tenerlas entretenidas y que no dieran la lata, y que ahora las ven pasarse todo el santo día en las redes sociales, los videos de TikTok, las apps o jugando en línea.

Pero aquí hay una confusión grave: aunque estos jóvenes tienen mucha familiaridad con dispositivos como teléfonos inteligentes, tabletas o computadoras, su dominio a menudo se limita al uso cotidiano y de ocio, y no para el aprendizaje o el desarrollo de competencias laborales.

¡La frecuencia de uso de una plataforma digital no es una habilidad, señores!

Como señala la profesora Noemí Vilchis, del Tec de Monterrey, las tecnologías para vivir una vida agradable no tienen los mismos propósitos de uso que las tecnologías para el aprendizaje y el trabajo profesional.

No existen los “nativos digitales”. Ningún estudio educativo, sociológico o psicológico ha podido demostrar que quienes se iniciaron en la vida con las herramientas digitales tengan un entendimiento innato de las mismas (sorry, Prensky!). Por el contrario, sí hay investigaciones científicas que han podido comprobar, por ejemplo, el trabajo que les cuesta a los centennials el hacer una búsqueda correcta en línea y seleccionar información que sea veraz y de fuentes confiables. Tampoco les va bien con la programación, la creación de contenidos, la resolución de problemas, el buen uso de Excel o la seguridad digital.

La realidad muestra que existe una brecha entre la familiaridad con que se manejan los dispositivos electrónicos y las habilidades funcionales requeridas para su uso provechoso, por no hablar del entendimiento de su funcionamiento. Lo preocupante está en que la mayoría de estos jóvenes se cree ser un experto en tecnología.

De acuerdo a un estudio comisionado por Microsoft, para los centennials saber computación se limita a cuestiones como escribir en Word, ayudar a sus padres cuando usan la computadora, saber qué hacer cuando se bloquea la pantalla de la PC, saber mover el mouse, entre otras respuestas relacionadas con el funcionamiento básico de una computadora. También se identificó una falta de compresión sobre qué es programación y, en general, sobre los fundamentos de la computación pues, para muchos, la programación se reduce a tareas básicas como saber navegar en Internet para hacer sus tareas.

En resumen, nuestros jóvenes en general no cuentan con las competencias necesarias para hacer un uso seguro, reflexivo, crítico y creativo de la tecnología digital que tanto emplean cotidianamente para su esparcimiento. Se requiere una alfabetización digital más comprometida, por parte de padres y profesores. Una que vaya más allá del simple uso de herramientas y abarque competencias superiores como el análisis crítico de la información en línea, la creación de contenido digital, la gestión de datos y la ciberseguridad.

 

La premisa de los “nativos digitales” minimiza la intención de comprender la conexión de la juventud con la tecnología. Definir a los estudiantes como “aprendices digitales” los coloca al centro de la educación, en lugar de encasillarles en propiedades predefinidas y estandarizar el aprendizaje. 

– Nomeí Vilchis

 

 


3 de diciembre de 2025

Evaluar el pensamiento


Una de las principales tareas formativas que tenemos los docentes es la de evaluar las habilidades de pensamiento de nuestros alumnos. En el mundo educativo, el concepto hace referencia a la manera con la que el estudiante organiza, procesa y utiliza información para desarrollar sus ideas y resolver problemas. Hacer un cálculo, reflexionar sobre una lectura, diseñar un experimento o un componente, tomar una decisión o elaborar una conclusión son acciones que requieren de un proceso mental, pero no necesariamente del mismo tipo de razonamiento en cada caso.

Dependiendo del nivel educativo y del enfoque disciplinar, se pueden requerir diversos tipos de pensamiento: inductivo, deductivo, lógico, analítico, crítico, intuitivo, creativo, reflexivo, sistémico, metacognitivo… empero, estos tipos no siempre son procesos mentales puros (solo creativo, por ejemplo), ya que en la mayoría de los casos suelen ir relacionados entre sí (crítico y sistémico, por ejemplo) y también asociados con otros procesos mentales relacionados con las emociones, como lo señaló Kieran Egan en su teoría de la Educación Imaginativa. Esto hace que su identificación y su evaluación sean tareas complejas.

En las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) se requiere una combinación de razonamientos científico, crítico, creativo y sistémico para la resolución de problemas. Cada uno necesita evidenciarse de manera clara para poder valorarse adecuadamente.

Empero, estos factores no siempre son observables per se, sino que se infieren de las evidencias (de conocimiento, de desempeño o de producto) presentadas por los estudiantes. Se valoran mediante criterios concretos que hacen patente las componentes de pensamiento y con instrumentos que señalan los niveles de logro.

Para valorar los pensamientos crítico y científico, por ejemplo, se pueden usar los siguientes componentes:

Claridad

Evalúa la comprensión de la información proporcionada, si la explicación es fácil de entender y es precisa. Puede ahondarse con peticiones del tipo:

- Elabora más tu idea

- Da un ejemplo

- ¿Puedes ilustrar a lo que te refieres?

Exactitud

Valora la conformidad con la verdad o con los hechos, si la explicación está libre de errores. Puede explorarse con preguntas como:

- ¿De qué manera se puede verificar esta información?

- ¿Cómo se verifica que esto es cierto?

- ¿Cómo se verifica o se prueba esta idea?

Precisión

Evalúa la información exacta, completa y detallada. Se puede profundizar con solicitudes para completar:

- ¿Puedes ser más específico?

- Proporciona más detalles para ampliar tu idea

- ¿Con qué otros elementos puedes completar tu idea?

Relevancia

Permite evaluar la capacidad para aclarar conceptos y la comprensión profunda de un tema. Puede sondearse con peticiones como:

- ¿Por qué esto es relevante para el tema en cuestión?

- ¿Cómo se relaciona esto con la cuestión principal?

- ¿Cómo ayuda esto a plantear o aclarar tu problema?

Profundidad

Evalúa la capacidad para ir más allá de lo esencial, explicando los mecanismos causales y las complejidades de un problema. Puede explorarse con preguntas como:

- ¿Qué factores caracterizan a este problema?

- ¿Cuáles son algunas de las complejidades de esta cuestión?

- ¿Cuáles son los mecanismos causales de este problema?

Amplitud

Examina si se han considerado diferentes perspectivas o puntos de vista. Puede valorarse con aspectos como:

- ¿Qué perspectivas se consideraron para analizar/plantear esta idea?

- ¿Hasta dónde llegaron éstas en el análisis inicial?

- ¿Hay algún otro punto de vista importante para revisar la información?

Lógica

Valora si el razonamiento es coherente en su desarrollo y si las conclusiones se derivan de manera válida de las premisas, evidencias o resultados. Se puede profundizar con peticiones como:

- ¿Estos elementos tienen sentido cuando se les analiza en conjunto?

- ¿Las distintas partes de la argumentación encajan entre sí?

- ¿Hay alineación entre el planteamiento, la explicación y los resultados?

Significación

Evalúa la importancia o la relevancia de una idea o de cómo esta adquiere sentido en la mente del estudiante. Puede explorarse con cuestiones como:

- ¿Cuál es la idea central en la que se enfoca tu argumento/solución?

- ¿Cuál de los elementos del planteamiento es el más importante?

- ¿Cuál de los elementos de la respuesta es el más importante?

Rectitud

Examina la integridad de la respuesta, que las justificaciones o explicaciones sean imparciales, honestas, garantizando que las ideas no hayan sido alteradas, manipuladas o plagiadas. Puede sondearse con preguntas como:

- ¿Cómo se puede verificar la integridad de la información?

- ¿Cómo demuestras que la información presentada es completa y veraz?

- ¿Cómo verificaste la interpretación de tus datos/resultados?

 


27 de noviembre de 2025

26 de noviembre de 2025

La IA basura invade Internet


Las redes sociales le dan derecho de hablar a legiones de idiotas… Es la invasión de los imbéciles. 

Umberto Eco

 

La credibilidad de Internet siempre ha sido cuestionada, debido a que es un lugar en el que cualquier persona puede decir, compartir, crear, editar y cuestionar. Pero es a partir de 2010 que la confianza en sus contenidos comenzó a disminuir marcadamente, con el auge de las redes sociales y conforme la web se volvió claramente comercial. Si bien es cierto que todavía se pueden encontrar fuentes valiosas y confiables, también lo es que cada vez está más saturada de información falsa y tendenciosa, mucha (¡muchísima!) proviene de contenidos creados con inteligencia artificial generativa.

A pesar de las aplicaciones positivas que puede tener la inteligencia artificial (IA), ahora nos estamos enfrentando a través de sitios como YouTube, Facebook, Instagram o TikTok a oleadas sin fin de contenidos alucinados, falsos, tendenciosos o sin sentido. Pareciera ser que la consigna es “mientras más surrealista, mejor”. A esta tendencia se le llama AI slop, o “bazofia de IA”, es decir, contenido basura creado en masa por herramientas de IA generativa, el cual tiene muy poca interferencia humana y, por ende, de filtros que verifiquen su calidad y su aporte significativo. Es "la invasión de los imbéciles" a la que se refería Umberto Eco, pero recrudecida.

Las redes sociales están llenas de ingentes cantidades de imágenes y videos creadas con herramientas de IA que pueden rendir cientos de versiones por hora. La información de base (los prompts) sale de la misma web sin el menor filtro ni verificación de autenticidad, canibalizándose entre sitios para hacer su propio material. Es una marea de mediocridad generativa que solo busca producir ingresos (muchos, en el menor tiempo posible), que ahoga a los auténticos creadores, los que sí usan su propia inteligencia natural y tardan días en crear una obra original.

Se han detectado canales de YouTube que suben videos donde se narran sucesos históricos están siendo completamente generados por IA, y en los cuales no solamente las imágenes están hechas con estas herramientas, sino que son históricamente erróneas y las narraciones también suelen contar con hechos incorrectos e inventados. Además de dañar significativamente las reproducciones y popularidad de videos investigados, grabados y editados por personas reales, ya sea especialistas o aficionados, esto también está contribuyendo a la desinformación masiva de una materia que nos define como humanidad.

La IA basura se manifiesta con más claridad en redes sociales, pero también ha permeado en otros medios. Ya hay libros que están siendo publicados en librerías digitales que están hechos por inteligencia artificial generativa en su totalidad, e incluso utilizando estas tecnologías para hacer versiones más cortas o sintetizadas de contenido ya existente. Igualmente, muchos de ellos son publicados con nombres muy parecidos a los autores reales, con el fin de engañar y vender más.

La IA basura está creando un universo demencial en el que los mismos bots tienen una participación mayor que la de los propios humanos, los cuales, incluso, pueden ya no ser necesarios para crear contenidos. La IA se crea a sí misma. Es como si la criatura del Dr. Frankenstein se pusiera a hacer otros como él. ¿Qué clase de información va a salir de semejante espiral?


Para los gigantes de las TI, contenido es contenido; entre más barato sea y menos labor humana involucre, mejor. El resultado es un Internet de robots, buscando aquellos sentimientos y pasiones que mantengan a los usuarios humanos frente a sus pantallas.

– Nesrine Malik, The Guardian.


Si la desinformación era ya un fuerte problema de Internet, la IA lo está llevando a su paroxismo. Ahora, ver un video o una imagen va de la mano con el cuestionamiento de su origen, y donde cada vez es más difícil distinguir entre la realidad y la ficción, para todas las generaciones, pero especialmente en adultos mayores y en los más pequeños, que todavía no tienen el conocimiento ni pensamiento crítico para evaluar lo que ven; además de que puede ser especialmente peligroso en niños y niñas, debido a que el contenido vacío y sin sentido que genera la IA sin supervisión además de no aportarles valor, puede incluir contenido inapropiado, violento o sexual.

En la Era de la Desinformación, ahora más que nunca será primordial que las instituciones educativas prioricen el pensamiento crítico y la alfabetización mediática, con el objetivo de que las nuevas generaciones puedan navegar en un universo digital onírico, donde la realidad y la ficción se fusionan cada vez más.

 

Fuente: Jiménez, M.S. (2025, noviembre). ¿Harto de la bazofia de IA en redes? Yo también. Edu News. https://observatorio.tec.mx/edu-news/


21 de noviembre de 2025

Los beneficios de aburrirse (II)


Los que no saben soñar son más propensos al aburrimiento

 Charles Langbrindge Morgan

 

Hoy en día es común ver a niños y adolescentes frente a su teléfono o tableta para evitar que se aburran o que den la lata. Empero, esta solución práctica de los padres digitales está creando un problema profundo: la desaparición del aburrimiento como experiencia cotidiana. Como advierte Writer’s Digest, “estamos criando a una generación que nunca ha conocido el verdadero aburrimiento, esa picazón enloquecedora de una tarde vacía que solo se calma creando algo nuevo”.

El aburrimiento ha sido históricamente un motor de creatividad. Cuando no había distractores digitales, los niños inventaban juegos, historias, dibujaban o simplemente buscaban una manera de entretenerse, dentro o fuera de casa. Hoy, en cambio, el acceso constante a pantallas ha reducido estos espacios de imaginación y reflexión. La pregunta es inevitable: ¿qué pasa con la creatividad infantil cuando nunca permitimos que nuestros hijos se aburran?

Lejos de ser una pérdida de tiempo, el aburrimiento es un estado que empuja al cerebro a buscar estímulos, soluciones y nuevas formas de exploración. El aburrimiento, según la psicóloga clínica Jennifer Delgado, ayuda a los niños y adolescentes a desarrollar una resiliencia emocional que les será de utilidad en la vida adulta. En un artículo publicado en la revista Children & Screens, se dice que es un estado que impulsa a imaginar escenarios alternos y nuevas metas, lo que desarrolla el pensamiento divergente, clave para la innovación y la resolución de problemas complejos.

Pasar mucho tiempo ante las pantallas afecta la capacidad de las infancias para resolver problemas de forma creativa ya que reduce la experiencia práctica en ese campo y limita el tiempo libre para pensar, explorar con la imaginación o crear cosas con las manos. Cada que se entrega un dispositivo a un niño para tenerlo quieto, se corre el riesgo de condenar su capacidad para descubrir cosas nuevas y resolver situaciones fuera de las pantallas.

Aunque pareciera que la cosa es al revés, que las pantallas ofrecen un océano de posibilidades de entretenimiento, aprendizaje y conexión social, éstas se consumen de manera pasiva y estructurada. Muchos videojuegos tienen reglas definidas, mientras que los videos de YouTube muestran una secuencia predeterminada y las redes sociales están diseñadas para retener la atención, lo que significa que queda poco espacio para la creación espontánea.

Por supuesto, la tecnología también puede inspirar. El pintor Timothy Lai, por ejemplo, explica cómo usa tableros digitales para organizar sus ideas y explorar temas recurrentes. Además, las aplicaciones educativas, la narración digital y la realidad aumentada pueden ser aliadas si se usan con intencionalidad pedagógica. El desafío está en encontrar un equilibrio: aprovechar lo mejor de lo digital sin que sustituya la experiencia del aburrimiento y la creación propia.

La clave está en distinguir entre distracción útil e inútil. Soñar despierto puede ser una forma constructiva de divagación mental que conduce a la incubación de ideas. Por el contrario, el desplazamiento interminable en redes sociales suele fragmentar la atención y generar fatiga cognitiva.

 

Aunque parezca raro, los expertos sugieren reservar tiempo libre para aburrirse.

 

Negarle a las infancias la posibilidad de aburrirse no es un asunto menor, pues el aburrimiento cumple una función estructural en el desarrollo. Al eliminarlo mediante la hiperestimulación digital, se empobrece no solo la experiencia cotidiana, sino dimensiones críticas del crecimiento infantil.

Aburrirse es parte del entrenamiento para la vida, ya que favorece la comunicación, fortalece la autorregulación, enriquece la imaginación y protege la salud mental. Privar a niños y adolescentes de ese recurso natural implica limitar su capacidad para desarrollar herramientas esenciales en un mundo cada vez más complejo. Como explica el terapeuta Kent Toussaint: “El aburrimiento es la semilla de la creatividad, pero cuando lo evitamos todo el tiempo, los niños nunca necesitan crear, aprender una habilidad o hacer amigos”.

El aburrimiento no es un enemigo a erradicar, sino un recurso pedagógico y emocional a recuperar. En medio de la saturación digital, permitirnos y permitir a las infancias habitar esos vacíos creativos pueden ser la clave para formar generaciones más resilientes, imaginativas y capaces de enfrentar un mundo en constante cambio.


Fuente: Delgado, P. (2025, octubre). El arte perdido del aburrimiento: cómo el tiempo frente a la pantalla está matando la creatividad, Edu Newshttps://observatorio.tec.mx/edu-news/

19 de noviembre de 2025

Los beneficios de aburrirse (I)


Una generación que no soporta el aburrimiento será una generación de escaso valor.

Bertrand Russell

 

En la sociedad contemporánea, que enaltece la productividad y el estar siempre haciendo algo, se ve al aburrimiento como algo malo que ha de evitarse, sobre todo en los niños y jóvenes. Sin embargo, la historia nos enseña que el aburrimiento no es nada negativo, al revés, es una valiosa oportunidad para pensar, reflexionar en las cosas de la vida y hasta hallar inspiración para resolver problemas o inventar cosas. Es una oportunidad para la espontaneidad y la intuición, dos elementos claves de la creatividad.

Cuando sentimos aburrimiento, nuestra mente busca nuevas maneras de entretenimiento y estimulación. Este proceso nos motiva a investigar ideas, pensamientos y acciones que normalmente no consideraríamos. Situaciones como estas permiten que nuestra imaginación florezca, brindándonos la oportunidad de hallar soluciones innovadoras a los problemas, descubrir nuevos intereses y encontrar distintas formas de expresión artística. El aburrimiento nos ofrece un espacio mental vacío donde podemos conectar ideas que parecen no tener relación, favoreciendo así el surgimiento de conceptos originales y creativos.

De igual manera, cuando estamos aburridos, tenemos tiempo para reflexionar sobre nuestras vidas y sobre nuestro mundo interior. El aburrimiento nos brinda la oportunidad de desconectarnos de las distracciones externas y conectarnos con nuestros pensamientos, sentimientos y metas personales. Al tomarnos el tiempo para pensar, podemos evaluar nuestras decisiones, identificar oportunidades de mejora y desarrollar un sentido más profundo de nosotros mismos. Estas reflexiones pueden ser especialmente valiosas en un mundo que cambia rápidamente, donde a menudo estamos atrapados en la rutina y la superficialidad. Al permitirnos momentos de aburrimiento, le damos a nuestra mente el espacio que necesita para explorar las experiencias pasadas, nuestras acciones y las metas futuras. El autoanálisis nos ayuda a comprender mejor quiénes somos, qué queremos y qué cambios podemos hacer en nuestra vida para lograr una mayor felicidad y bienestar.

Asimismo, cuando nos sentimos aburridos buscamos una tarea que nos entretenga, es decir, buscamos un estímulo para nuestra mente, lo que ayuda a nuestra capacidad de atención y concentración. Cuando desarrollamos la capacidad de mantenernos enfocados en una tarea o actividad, a pesar de que pueda ser aburrida, podemos mejorar nuestra capacidad para mantenernos enfocados, lo cual es siempre beneficioso, tanto en el trabajo como en la escuela.

Y por si esto fuera poco, al aprender a tolerar y aceptar el aburrimiento, aprendemos a desarrollar nuestra resiliencia emocional, a manejar la frustración, la incomodidad y a no depender constantemente de la gratificación instantánea. Como resultado, nos volvemos más capaces de lidiar con el estrés, la ansiedad y otras emociones difíciles en la vida diaria.

Así pues, el aburrimiento nos permite salir de nuestra zona de confort y estar más abiertos a las posibilidades que nos ofrece la vida. Cuando no estamos constantemente ocupados, tenemos más libertad para perseguir nuestra curiosidad e intereses. La apertura a la espontaneidad y la intuición puede conducir a una experiencia enriquecedora y a la creación de conexiones humanas más profundas.

Apuntes sobre el texto Las ventajas del aburrimiento, de la psicóloga Lucía Ongil, del Instituto SINEWS, España.


4 de noviembre de 2025

Networking universitario

 


Las universidades mejor rankeadas de México (como la UNAM, el Tec de Monterrey o el ITAM) tienen un impacto significativo en las relaciones profesionales de sus alumnos y graduados, no solo a través de la formación académica, que suele ser bastante buena, sino también al actuar como plataforma para establecer contactos sociales valiosos y duraderos. Estudiar en una de estas instituciones puede facilitar la creación de una red de relaciones personales provechosas en lo social y lo profesional que pueden impulsar de manera beneficiosa la carrera de un egresado.

Al atraer predominantemente a estudiantes de entornos socioeconómicos solventes y a alumnos becados de alto potencial, en estas universidades se crean redes de contactos (networking) que pueden incluir a futuros líderes empresariales y políticos. Lazos que se enriquecen con las sociedades de exalumnos, que en estas instituciones suelen ser muy sólidas y activas, brindando un apoyo que se extiende mucho más allá del campo profesional o de la graduación, brindando oportunidades de interactuar de cerca con expertos y profesionales de renombre, lo que trae consigo oportunidades únicas de orientación y conexiones profesionales valiosas.

Recuérdese como ejemplo notorio el caso del presidente Miguel Alemán, quien durante su etapa universitaria construyó una red de relaciones que con el tiempo se conocería como el “Grupo de la Universidad”, que fue fundamental para el ascenso político y económico de sus integrantes, como Manuel Gual Vidal (creador del INBAL), Ramón Beteta (figura clave del “milagro mexicano”) o Antonio Carrillo Flores (impulsor de la economía). La UNAM lleva tiempo siendo el centro de la formación de las élites políticas, así como el ITAM lo es para las económicas y el Tec de Monterrey para las empresariales.

Y aunque el mundo laboral es cada vez más competitivo y feroz, el hecho de graduarse de una de estas universidades puede aumentar la credibilidad y la visibilidad profesional de una persona. El prestigio de la institución ayuda a abrir puertas y a facilitar el acceso a eventos y comunidades que no están al alcance de todo el mundo. Además, estas universidades mantienen vínculos estrechos con empresarios y líderes de los sectores productivo, financiero, de negocios o de tecnología, lo que se traduce en oportunidades y ofertas exclusivas para sus estudiantes y egresados.

Aunque estudiar en una universidad altamente rankeada ofrece muchas ventajas para el posicionamiento social y profesional, es importante hacer notar que por sí solas dichas ventajas no garantizan el éxito, pues éste depende igualmente –y en la misma medida- del esfuerzo individual y las habilidades personales del graduado. El “networking” estriba también en la capacidad de la persona para construir y mantener relaciones sociales significativas. ¿Cómo? Participando en ferias, conferencias, reuniones con exalumnos, y sobre todo, colaborando en proyectos: ofrecer ayuda y conocimientos retribuye fortaleciendo las relaciones, generando confianza y facilitando el acceso a oportunidades cada vez mejores.

Este aspecto de las redes de influencia no siempre suele ser tomado en cuenta al momento de escoger universidad. Cuando un joven tiene que tomar esta decisión, generalmente privilegia factores personales (interés, vocación, ambiente), académicos (oferta, modalidad, calidad, reputación) y financieros (costos, becas, proyección laboral). Los padres de familia de nivel socioeconómico solvente pueden pagar las universidades mejor rankeadas (frecuentemente son en las que ellos mismos estudiaron), no solo por cuestiones de nivel educativo, sino por las posibilidades laborales para sus hijos, que incluyen las redes profesionales que ellos mismos ya han tenido la experiencia de aprovechar. Pero un progenitor que no ha tenido esta vivencia difícilmente podrá tomarla en cuenta al aconsejar a su hijo.

El networking profesional en la universidad es crucial para el desarrollo de una carrera, ya que permite construir relaciones que abren puertas laborales, promueven el crecimiento personal y profesional, y facilitan el acceso a recursos y oportunidades que no están al alcance de todos.


30 de octubre de 2025

Que te mantenga el gobierno II



Apenas un día después de la nota de Pascal Beltrán del Río en Excelsior sobre la esperanza de sostenimiento del mexicano con becas gubernamentales, aparece en El Universal otra sobre el mismo tema del periodista Antonio Hernández (*), quien, con entrevistas a la directora de México, ¿cómo vamos? y con información de la consultora Vanguard, proporciona datos duros y crudos sobre la esperanza del mexicano de vivir de programas sociales en la vejez. Y yo añadiría, desde su madurez, y si se puede, desde su juventud.

Según estas agencias, en su reciente investigación (2024) encontraron que 7 de cada 10 entrevistados espera vivir de algún programa social del gobierno. Es decir, que si la muestra es representativa y confiable, el 70% de los mexicanos espera que lo mantengan. Esto es tremendo. Si ya los programas de pensiones se comen el 6% del PIB, es harto difícil imaginar de dónde más va a salir el dinero para aumentar esta oferta conforme crece la población. Máxime cuando no se hacen mejoras en empleo o vivienda ni se invierte en la planta productiva o su infraestructura.

A esto hay que agregar que, según datos del INEGI, el 54.5% de la gente en edad laboral se encuentra en la informalidad, y por tanto, sin pagar IMSS ni Afores, ya no digamos impuestos, ¿De dónde, entonces, va a salir el dinero que todas estas personas, que no cooperan para su ahorro, esperan recibir? Es algo que ni saben ni les importa. Solo esperan recibir "su lana".

Los ingresos del mexicano promedio dan poco margen para el ahorro de inversión (vivienda) o de previsión (salud y retiro); a esto añádase la falta de planes para el desarrollo del empleo, la falta de educación financiera y la desconfianza en las instituciones bancarias y se tendrá un coctel preocupante.

El futuro es incierto. En tanto al Gobierno morenista solo le preocupe mantenerse en el poder con base en pagos clientelares a costa de las finanzas del Estado, estaremos condenados a una crisis social y financiera tarde o temprano.

Un retiro digno se construye; y hay que empezar joven. Esperar que otros se hagan cargo de nuestra responsabilidad es ingenuo y muy imprudente.


(*) Antonio Hernández, Mayoría de mexicanos piensa que vivirá de los programas sociales en su vejez, revela estudio. El Universal, 30 de octubre de 2025.

29 de octubre de 2025

Que te mantenga el gobierno

El día de hoy el periodista Pascal Beltrán del Río publicó en su columna “Bitácora del director” del periódico capitalino Excelsior una reflexión harto preocupante sobre la mala salud financiera del mexicano promedio y su loca esperanza de que el Gobierno se la resuelva cuando le toque una de las muchas “ayudas de sostenimiento” con las que el partido morenista sufraga su permanencia en el poder.


Ahora todos esperan, literalmente, que los mantenga el Gobierno: becas para estudiar desde jardín de niños hasta universidad, apoyos para la tercera edad, para mujeres, para ninis, para madres que trabajan… todo un abanico asistencial al que todos (o casi) quieren adherirse, sin importar la clase social. Lo veo ocurrir entre familiares y amigos; incluso conozco a una señora que vive en un lujoso departamento de Tecamachalco que solicitó y obtuvo su apoyo de "mujeres del bienestar".

El previsible agotamiento de los recursos gubernamentales, la falta de ahorro, de educación y previsión, el uso de créditos caros para el consumo, la imposibilidad de tener un fondo de emergencias... todo contribuye para pintar un negro futuro no muy lejano, por cierto (quizás al final del presente sexenio). El mexicano promedio del siglo XXI, y muy especialmente el millennial, vive al día, sin margen de maniobra para afrontar imprevistos, con un gran estrés financiero y con bajas posibilidades de estar preparado para lo que se le avecina. Es, como dice Beltrán, una "bomba de tiempo social" que ya está en cuenta regresiva.
 

A continuación me permito reproducir la columna:

México enfrenta una transición demográfica acelerada que, combinada con una baja educación y salud financiera de la población, está configurando una auténtica bomba de tiempo social.

Los datos oficiales del INEGI sobre inclusión y salud financieras, así como las proyecciones poblacionales, demuestran que, como sociedad y Estado, estamos fallando en la preparación para el gran reto del envejecimiento.

El primer campanazo es ineludible: la población de 60 años o más crece a un ritmo de más de medio millón de personas cada año. Esta tendencia es tan marcada que, para el año 2030, se proyecta que el número de adultos mayores superará al de jóvenes en el país. El bono demográfico se agota, pero el colchón financiero para amortiguar este cambio está prácticamente ausente.

Las encuestas nacionales de Inclusión Financiera (ENIF) y de Salud Financiera (ENSAFI) del INEGI —en las que reparé, gracias a la recomendación del financiero José Antonio Ezquerra— arrojan cifras que evidencian esta falta de previsión. El mexicano promedio no sólo está mal preparado, sino que vive con la ilusión de que el gobierno resolverá su futuro.

En apenas tres años, el porcentaje de mexicanos que piensa solventar sus gastos en la vejez con subsidios se disparó de 57.2 a 68.2 por ciento (entre 2021 y 2024). A esto se suma que un alarmante 43.8% espera cubrirlos con dinero de familiares.

La falta de preparación individual se refleja en la escasa penetración de instrumentos de previsión. Aunque se observa un ligero aumento en el tiempo, sólo 63% de la población de 18 a 70 años cuenta con una cuenta de ahorro formal. La situación del crédito es igualmente precaria: únicamente 37.3% tiene algún tipo de crédito. De este grupo, la mayoría (22.6%) utiliza una tarjeta departamental, que representa el crédito más caro y menos productivo del mercado, mientras que sólo 5.6% tiene acceso a un crédito de vivienda, la forma de deuda más barata que además genera un activo patrimonial.

El panorama se oscurece al mirar los mecanismos de protección: sólo 22.9% de los mexicanos tiene algún tipo de seguro, y de éstos, una minoría (apenas 7.5%) cuenta con un seguro de gastos médicos, esencial para enfrentar los riesgos de salud en la vejez. Respecto al ahorro para el retiro, apenas 42.2% de los mexicanos cuenta con una afore, pero el compromiso para robustecerla es casi nulo: en 2024, únicamente 8.6% de los afiliados realizó una aportación voluntaria.

Todos estos datos convergen en la cruda realidad de una población que vive al día y con un profundo estrés financiero. A 45.9% de los mexicanos de 18 años y más nunca o casi nunca le sobra dinero a final de mes. La fragilidad es palpable: 45.4% tiene preocupación de tener que gastar en imprevistos, una cifra que ilustra el alto nivel de ansiedad financiera. Los efectos son profundos: 48.4% de los mexicanos están muy preocupados por la acumulación de deudas, y esta angustia se traduce en estrés financiero, que se refleja con afectaciones fisiológicas o psicológicas. La consecuencia directa es que 34.6% de los mexicanos carece de la capacidad de hacer frente a un gasto o imprevisto importante.

Lo más preocupante es el pesimismo sobre la propia capacidad. Sólo cuatro de cada 10 mexicanos tienen confianza en sus habilidades para administrar su dinero día a día, y apenas uno de cada cuatro para planificar su futuro financiero. Los datos de INEGI revelan que más de la mitad de los mexicanos (52.7%) siente que sus ahorros son insuficientes.

Los datos de la ENIF y la ENSAFI son un llamado de atención urgente. Revelan que un alto porcentaje de mexicanos de entre 18 y 70 años no se está preparando, ni tiene las herramientas ni la resiliencia para enfrentar su futuro. Es indispensable que el gobierno deje de fomentar un asistencialismo que genera dependencia y, en su lugar, implemente una política de educación financiera agresiva que fomente el ahorro formal, el uso inteligente del crédito, la previsión en salud y la responsabilidad individual ante el retiro, antes de que esta bomba demográfica y financiera estalle.

Pascal Beltrán del Río, Bitácora del director: Bomba de tiempo social y espejismo del bienestar. Excelsior, 29 de octubre de 2025.