26 de mayo de 2026

Higgs y la producción científica

 

Peter Higgs (el del bosón) confesó que hoy día no conseguiría (o no podría mantener) un puesto académico en alguna universidad. Estaba describiendo la transformación silenciosa de la universidad contemporánea: de un espacio para pensar a una máquina obsesionada con la productividad y con medir esa productividad.

La ironía es brutal. El hombre que ayudó a explicar por qué la materia tiene masa, uno de los planteamientos intelectuales más importantes del último siglo, sospechaba que el sistema actual lo habría considerado improductivo. El que fue uno de los físicos más importantes del mundo publicó menos de diez artículos (10!!), evitaba el espectáculo académico y desconfiaba profundamente de la hiperactividad científica.

La ciencia moderna busca originalidad, pero al mismo tiempo premia velocidad en publicar, volumen publicado y visibilidad en editoriales y redes. El investigador contemporáneo no solo debe pensar, debe hacerlo rápido, debe producir y su producción debe ser medida: publicar constantemente, acumular citas de sus trabajos, gestionar redes, conseguir financiamiento para las investigaciones, alimentar algoritmos institucionales, demostrar impacto cuantificable de su trabajo y lograr que se mencione a su universidad, todo esto en periodos cada vez más cortos.

El resultado: una ciencia incapaz de tolerar el tiempo lento que requiere la maduración de las grandes ideas. ¿Por qué? Porque los grandes avances rara vez aparecen bajo condiciones de vigilancia permanente. El trabajo que condujo al bosón de Higgs necesitó décadas de teoría física, de especulación, errores y espacios intelectuales sin utilidad inmediata.

Hoy, no obstante, la academia funciona cada vez más como un mercado financiero del conocimiento, que privilegia lo que genera retornos rápidos y visibles (los que hemos hecho investigación en el Tec lo sabemos muy bien). La curiosidad de saber compite contra los indicadores de desempeño. Así, el investigador aprende que sobrevivir puede ser más importante que arriesgarse intelectualmente.

Mientras la universidad enfrenta dificultades de captación, recortes, precarización y presión por resultados inmediatos, la pregunta ya no es si estamos produciendo más artículos científicos que contribuyan al prestigio de la institución (claramente estamos ante una hiperproducción); la pregunta es, más bien, ¿estamos construyendo un entorno capaz de producir las grandes ideas que transforman nuestra comprensión del mundo?

Parece que ya no...

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario