Según David C. Geary (The Evolved Male in the
Modern Classroom, AAPSS, 716 (1), 2026) el sistema educativo actual está
diseñado de una forma que desfavorece sistemáticamente las fortalezas evolutivas
de los niños varones.
El autor explica, desde una perspectiva evolucionista, por
qué muchos niños y jóvenes tienen dificultades en la escuela. Según él, las
niñas suelen tener ventaja en lenguaje, lectura y escritura porque su sistema
cerebral para el lenguaje está más integrado y se desarrolla antes. En cambio,
los niños destacan en habilidades visoespaciales, razonamiento mecánico y
comprensión de cómo funcionan los objetos, capacidades que fueron muy útiles en
nuestro pasado evolutivo para la caza, la navegación y la construcción.
El problema principal es que el aula moderna (sentarse
quieto durante horas, prestar atención pasiva, hacer tareas sedentarias) encaja
mucho peor con la naturaleza de los niños que con la de las niñas. Los niños
son considerablemente más activos, necesitan moverse más y tienden a
organizarse en grupos competitivos. Esto genera un desajuste evolutivo que
explica por qué hay el doble de niños diagnosticados con TDAH y por qué mucho
tienen más problemas de atención y comportamiento en clase.
Además, las escuelas apenas evalúan o desarrollan las
fortalezas típicas de los niños en el área espacial y mecánica. Como
consecuencia, muchos niños con talento en estas áreas se sienten fuera de
lugar, pierden motivación y terminan abandonando los estudios o no
desarrollando su potencial.
Geary también señala que los hombres y mujeres tienen
intereses ocupacionales diferentes: las mujeres suelen preferir las profesiones
relacionadas con personas, mientras que los hombres prefieren profesiones
relacionadas con objetos. El sistema educativo actual no aprovecha estas
diferencias naturales.
El autor propone varias soluciones: mejorar la enseñanza
temprana de la lectura con mayor énfasis en la fonética y la decodificación,
ofrecer más material que interese a los niños (ciencia, ficción, aventuras, máquinas),
aumentar el tiempo de recreo y de actividad física; y en secundaria, recuperar
potenciales a través de talleres y la formación en oficios como carpintería,
mecánica o electricidad. También recomienda evaluar las capacidades
visoespaciales y mecánicas de los niños.
En resumen, el sistema educativo actual está diseñado de
una forma que desfavorece sistemáticamente las fortalezas evolutivas de los
niños varones. Geary argumenta que, en lugar de ver los problemas de los niños
como “trastornos” o simplemente como machismo cultural, debemos entenderlos
como un desajuste entre la psicología evolutiva masculina y las exigencias
de la escuela y economía modernas. Adaptar la educación a las fortalezas de los
niños sería muy beneficiosos para ellos, para la educación en general y para la
sociedad.
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