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5 de agosto de 2026

La sociedad que ya somos

 


Imagen: Erdely, A. (2026, julio). Las jorobas del examen de admisión. X.


En el reciente examen de ingreso a nivel licenciatura de la UNAM miles de aspirantes cometieron algún tipo de conducta irregular contraria a la convocatoria y a la más elemental honestidad. El analista político Ciro Murayama comentaba en su nota de hoy en El Financiero que la evidencia indica que 9 de cada 10 aspirantes originalmente aceptados se valieron de ayudas indebidas para aprobar el examen. En números redondos significa que 20 mil sustentantes pudieron incurrir en algún tipo de práctica fraudulenta para poder ingresar a la universidad. Esta cifra da vértigo… y es deprimente. Pinta de cuerpo entero a la sociedad que ya somos.

En estos días la discusión pública le ha pegado duro a la UNAM por los errores involucrados en esta implantación, pero ¿quién se está haciendo cargo del descomunal ejemplo de deshonestidad masiva que nos está mostrando?

Como sociedad es necesario cuestionarnos en qué nos hemos equivocado para no solo normalizar (y hasta justificar) la trampa y la mentira, sino incluso haberlas asimilado como factores necesarios de nuestro comportamiento colectivo, comenta en su columna de La Crónica el profesor Joaquín Narro.

Una de las nefastas consecuencias que el avance tecnológico nos ha traído, continúa Narro, es la de aprovechar el uso de la inteligencia artificial para realizar conductas que nada tienen que ver con el comportamiento ético que tendría que regir a una colectividad, en este caso, la de los jóvenes que aspiran a alcanzar un lugar en la Universidad.

Lo más grave de todo esto es encontrar en las redes sociales el testimonio de jóvenes afirmando que, si hacer trampa les permitía alcanzar su sueño de ingresar a la UNAM, entonces esta no solo se encontraba justificada, sino que incluso sería tonto no aprovecharse de ello.

Lo alarmante de esto es la demostración de que como sociedad hemos alcanzado una triste hondura en la que la honestidad no solo carece de valor, sino que es sinónimo de ingenuidad y torpeza. Ahora ensalzamos a los estafadores que aprovechan las zonas grises y los recovecos de la tecnología para vulnerar la verdad y barrer la honradez.

¿Estos son los jóvenes que queremos? ¿Es este el uso que esperamos de la tecnología? La sociedad no puede fundar su existencia en el engaño como mecanismo para alcanzar el éxito por encima de las aspiraciones e ideales que nos permiten ser y existir como colectividad.

 

Referencias

Murayama, C. (2026, agosto). El derecho de acceder a la UNAM. El Financiero.

Narro, J. (2026, agosto). La inteligencia artificial y la sociedad por venir (II). La Crónica de Hoy.